Selección de artículos, ensayos, noticias, entrevistas, reseñas, y otro tipo de textos, publicados en medios impresos y digitales, sobre Biblioteconomía y Documentación, Recuperación de Información, Lógica, Inteligencia Artificial, y áreas afines del conocimiento, sin descartar la inclusión ocasional de textos relativos a la actualidad política y social.
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Política, sociedad
Fuera de contexto
De Jacques Derrida, en Derrida en castellano:
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Traducción al catalán, internostrum; traducción al portugués, universia.
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Autoría: Grupo BPI, FESABID
Fecha de publicación: enero 2004
Tema: préstamo público, propiedad intelectual
URL documento: http://www.fesabid.org/... (en formato PDF)
La polémica en torno a la pretensión, por parte de ciertas entidades corporativas, de hacer extensivo el cobro por derechos de autor y propiedad intelectual al préstamo de materiales en el ámbito de las unidades de información (específicamente bibliotecas), ha suscitado un vivo debate entre los profesionales de la biblioteconomía y la documentación, que ha tenido su reflejo en las numerosas opiniones vertidas al respecto en la lista IWETEL, y en una medida más limitada en los medios de comunicación general. Concretamente, el siguiente manifiesto fue anunciado en dicho foro de distribución con fecha 30/01/2004.
Considerando que las bibliotecas, museos, archivos, hemerotecas, fonotecas y filmotecas de titularidad pública, así como aquellas que pertenecen a entidades de interés general de carácter cultural, científico o educativo sin ánimo de lucro o bien a instituciones docentes integradas en el sistema educativo español:
Expresamos nuestra convicción en la necesidad de:
Por todo ello, expresamos nuestro RECHAZO a la posibilidad de que el préstamo público realizado en las bibliotecas y centros similares, que actualmente se benefician de la excepción que contempla la Ley de Propiedad Intelectual quede sujeto al pago de una compensación económica y solicitamos que los responsables públicos defiendan el mantenimiento del actual límite de préstamo a favor de este tipo de instituciones EN SUS MISMOS TÉRMINOS.
Manifiesto elaborado por el Grupo Bibliotecas y Propiedad Intelectual de la Federación Española de Sociedades de Archivística, Biblioteconomía, Documentación y Museística (FESABID), junto con otros profesionales del sector. Más información al respecto.
Autor: Luis Miguel Escudero
Fecha de publicación/fuente: 23/01/2004, diario Gara
URL documento: http://www.gara.net/...
La publicación de este artículo de opinión viene al hilo de la anotación "Otras Balas", hecha por Ana Perpiñán en el "blog" Alas y Balas. Se han añadido al final algunos enlaces relacionados con la circunstancia aludida por el autor en el texto.
Torquemada no lleva mechero. Ya no enciende piras de libros en mitad de la plaza. No ajusticia autores descarriados en público, aunque por debajo les corte las alas. Es mejor así, más moderno. Más sutil. Se ignora al libro y ya está. Lo esencial es que el mensaje no nazca en la fértil cabeza del lector descarriado. Los últimos inquisidores apuntan ahora a la memoria histórica. La editorial Altaffaylla ha denunciado que la red de bibliotecas pública del Gobierno de Navarra no ha comprado un solo ejemplar de su renovado y ampliado trabajo "Navarra 1936, de la esperanza al terror".
Un libro cerrado es un amigo que espera. Los responsables de Cultura de Miguel Sanz no quieren compañeros de viaje de la editorial tafallesa, que en esta nueva edición de su obra despiertan del olvido a 3.000 republicanos navarros cosidos a balazos en las cunetas. El libro es un trabajo prácticamente definitivo, corregido y aumentado, con 80 nuevos fusilados, más fotografías y testimonios, que describe, pueblo a pueblo, la represión franquista en esta vieja tierra. Un trabajo imprescindible para la biblioteca de la memoria.
El nuevo volumen arroja datos novedosos sobre listas negras redactadas en vísperas del golpe militar, suicidios simulados, navarros asesinados en Cantabria o Aragón y aragoneses acribillados en las tapias de los cementerios navarros. Por primera vez, reúne los nombres de los paisanos que cayeron alistados en el ejército vasco, de los que se refugiaron en el Estado francés tras la derrota de la República o de los que desaparecieron en el campo de concentración nazi de Gusen.
En este trabajo, los números son importantes. La mayoría de los 3.000 nombres y apellidos de republicanos, socialistas, nacionalistas y anarquistas 300 más si se suman los fallecidos en el fuerte de San Cristóbal no existían en los recuentos oficiales. Antes de que el Parlamento de Navarra avalara en marzo del año pasado las cifras por las que habían batallado Altaffaylla y la Asociación de Familiares Asesinados Navarros (AFAN), mucho antes, el balance del requeté Jaime del Burgo dejaba en sólo 678 el número de asesinados y, por ejemplo, el general Salas Larrazábal los elevaba algo, hasta 1.190.
Del soberbio trabajo que hizo entonces Altaffaylla, en el que pueblo a pueblo participaron desde humildes pastores a historiadores de la talla de José María Jimeno Jurío, nos hablan las cientos de entrevistas a testigos y víctimas o el estudio de las partidas de defunción encerradas en 168 juzgados navarros, frente a los sólo 43 consultados por el militar Salas Larrazábal.
La combinación del trabajo de archivo y encuesta a pie de calle fue pionera. Algunas universidades vieron un modelo a seguir en sus estudios sobre la represión franquista. "Navarra 1936" inspiró trabajos similares en otros puntos del Estado. También recientemente su base de datos sirvió al Gobierno de la Comunidad Autónoma Vasca para tramitar las ayudas que prometió a los antiguos republicanos represaliados.
Pero es que, además de todos estos datos, testimonios escritos y gráficos, el libro abre una brecha en el campo de la investigación futura. Plantea aspectos no estudiados, cerrados en falso, que quizá sean los más interesantes para los nuevos lectores. El trabajo deja abierto qué pasó tras la represión con la usurpación de miles de propiedades, privadas y comunales, que todavía hoy no se han restituido a los herederos de sus titulares.
Otro mito que también cercena es el de la Navarra que se levantó como un solo hombre para combatir una república roja y separatista, tierra de boinas rojas y algún falangista, que pagó con generosa sangre aquella laureada de San Fernando regalada por Franco. Pues bien, "Navarra 1936" cuestiona esta tesis. Y, como siempre, con datos. Según este libro rompedor, el número de navarros fusilados, más los desaparecidos en los frentes republicanos, los fallecidos en el ejército vasco y los caídos en el bando de Franco que verdaderamente eran republicanos forzados a luchar en campo contrario, suman una cifra superior a los que murieron «por Dios y por España».
En Navarra hubo más víctimas favorables al orden republicano que al golpe militar. Un número de represaliados que todavía engorda más si se suman 4.000 huérfanos, los funcionarios que perdieron el empleo, los 230 maestros sancionados, las mujeres públicamente humilladas, las multas, los trabajos forzados o las familias enteras que fueron desterradas de sus pueblos.
Todos viven en la memoria y, rescatados, en la nueva edición del libro que los ciudadanos no pueden encontrar en las bibliotecas del Gobierno de Navarra. Por eso, la sociedad tiene que llegar hasta donde no lo hacen los poderes públicos. Es necesario que librerías, asociaciones culturales e incluso particulares donen este ejemplar a las bibliotecas de sus respectivas localidades. Que lo regalen y, además, lo hagan público para escarnio del Torquemada foral. No hay revancha. Sí memoria. El pasado es la lámpara que disipa las tinieblas que envuelven el porvenir. Ninguna biblioteca sin "Navarra 1936".
[Fin del artículo]
Antecedentes del tema en Gara:
Presentación en rueda de prensa (16/04/2003) de las motivaciones y trabajos preparatorios de la nueva edición de "Navarra 1936, de la esperanza al terror".
Autor: Juan Chamero
Fuente: REDcientífica
Tema: representación y gestión del conocimiento
URL documento: http://www.redcientifica.com/...
El texto que se reproduce a continuación es el resumen que acompaña al artículo referenciado. A través de la entrada "Consultar el artículo completo" dicho artículo puede ser descargado/consultado en formato PDF.
Se propone un nuevo paradigma del Conocimiento Digitalizado que toma en consideración la inteligencia de la gente en cuanto a usuarios del Ciberespacio. Si la disciplina que actualmente maneja el Conocimiento Humano es KM, por Administración del Conocimiento en Inglés, nuestro propósito es sentar las bases de una administración superadora que maneje los dominios complementarios (K + K') en lugar de K, donde K corresponde al conocimiento actual formalmente establecido y K' corresponde al conocimiento informal actual de la gente. Se discuten en este ensayo algunas conjeturas que podrían eventualmente ser el sustento de un cuerpo teórico que permita definir simetrías en ambos dominios cognitivos, el Dominio del Orden Establecido por un lado y el Dominio de la Gente por el otro, a fin de facilitar la construcción de un sistema evolutivo y superador de la inteligencia humana.
Como primer paso se propone un esqueleto inteligente para el Dominio K, el Dominio del Orden Establecido, que nos permite "ver" orden en los grandes reservorios de documentos del Conocimiento Humano, definido como la tríada [Árbol Lógico del Conocimiento Humano, Tesauro Temático del Conocimiento Humano y documentos]. Como segundo paso definimos una tríada equivalente y simétrica en el otro lado K'.
Para chequear algunas conjeturas hemos construido un prototipo que "prima facie" demuestra que el nuevo paradigma opera bien en el espacio Web, realizando el proceso lógico aditivo (K + K') que involucra un equilibrio continuo entre K y K', permitiendo la transferencia de inteligencia desde un dominio al otro y viceversa.
El dominio digitalizado K es bien conocido pero por el contrario, el conocimiento actual sobre el dominio K' es hoy prácticamente inexistente, solo gente que interactúa en forma aislada versus K y ahora planteamos un nuevo paradigma y un conjunto de conjeturas bajo los cuales tendría validez el algoritmo (K + K'). Bajo el nuevo paradigma se demuestra que es posible la creación progresiva de la tríada correspondiente a K', proporcionándonos una nueva vía de administración del conocimiento. Ejemplos de esta aseveración son: posibilidad cierta de construir motores de búsqueda capaces de encontrar prácticamente cualquier objeto cognitivo mediante unas pocas preguntas dentro del dominio K; conocer tanto como sea posible sobre los patrones de conducta de la gente, lo que necesitan y lo que quieren; y al mismo tiempo, conocer tanto como sea posible la inteligencia del dominio K' como un todo. Ambos "lados", actuando armoniosamente irían hacia una utopía de máximo bienestar.
Autor: Emilio Lamo de Espinosa (*)
Fecha de publicación/fuente: 22/01/2004, diario El País
Tema: teoría del conocimiento, filosofía de la ciencia
(*) Catedrático de Sociología (Universidad Complutense de Madrid) y director del Real Instituto Elcano.
En 1934, en su poema La roca, el poeta T. S. Eliot escribía: "Invenciones sin fin, experimentos sin fin, nos hacen conocer el movimiento pero no la quietud, conocimiento de la palabra, pero no del silencio, de las palabras, pero no de la Palabra". y añadía:
"¿Dónde está la sabiduría que hemos perdido en el conocimiento? ¿y dónde está el conocimiento que hemos perdido con la información?".
Cuando ciertamente vivimos anegados en información, con conocimientos crecientes, pero con la misma sabiduría de hace tres mil años, si acaso, no sobra comentar esta profunda intuición.
Pues, ciertamente, información, conocimiento y sabiduría son tres modos o maneras del conocimiento, pero de muy distinto alcance y desarrollo. La información nos proporciona datos, bits, nos dice lo que es y cómo es lo que es, puede ser digitalizada, archivada y transmitida. Hoy la encontramos en la red de la web mundial, donde basta acceder a un buen buscador, como Google, para obtener toda la información del mundo, la práctica totalidad de los libros clásicos y modernos, toda la música, todos los datos que deseemos. Ya casi nadie consulta una enciclopedia (por eso las regalan con los periódicos), pues es más rápido consultar Internet, inmensa memoria de la humanidad y gigantesco depósito de información acerca de todo. De modo que basta una barata conexión a Internet para tener acceso a bases gigantescas de información.
El conocimiento es otra cosa, es la ciencia, un saber que, a partir de muchos datos, y combinando inducción y deducción, me dice no lo que es, sino lo que puedo hacer. La ciencia es otro depósito, esta vez de teorías o modelos del mundo o, mejor, de partes del mundo, y me dice cómo hacer esto o lo otro. El conocimiento necesita información, por supuesto, pero lo importante hoy es que, al haberse democratizado el acceso a la información, ésta cada vez vale menos. Lo importante no es tener información; todo el mundo la tiene. Lo importante es discriminar la información relevante de la que no lo es, separar información y ruido. Y eso no es tarea de la información, sino del conocimiento científico. A medida que el bit de información baja de precio, sube el valor del conocimiento.
Pero el conocimiento científico tiene también sus límites. Pues la ciencia es un saber instrumental que me muestra qué puedo hacer, pero de ningún modo qué debo hacer. Lo sabemos al menos desde la crisis del positivismo clásico a comienzos del pasado siglo, cuando ese gigantesco pensador que fue Wittgenstein, y aludiendo justamente al tema de los valores (a la "muerte de Dios"), dijo aquello de que "sobre lo que no se puede hablar, mejor es callarse". Pues poco sensato podemos decir de los valores si los analizamos desde el discurso científico, de modo que, desde entonces, con el neopositivismo, la ciencia se ha construido eliminando los valores; la ciencia debe ser wertfrei, value-free. Y así es, pues de la buena vida, de lo que debemos hacer o no, del sentido último de nuestra existencia, sobre qué amar u odiar, qué es hermoso o repugnante, de eso poco sabe la ciencia.
De eso, ciertamente, se ha venido encargando la sabiduría.
Una forma de saber que, superior a la ciencia y, por supuesto, a la información, trata de enseñarme a vivir y me muestra, de entre todo lo mucho que puedo hacer, lo que merece ser hecho. De modo que, sin sabiduría, la ciencia no pasa de ser un archivo o panoplia de instrumentos que no sabría cómo utilizar. Información, conocimiento y sabiduría responden así a tres preguntas muy distintas: ¿qué hay?, ¿qué puedo hacer?, ¿qué debo hacer?
¿Todo así de claro? Por supuesto que no, pues, como señalaba antes, los ritmos de desarrollo de unas y otras formas del conocer humano son muy distintos. En 1999 había 500 millones de páginas web; en 2002 se calculaban ya 6.000 millones. Se estima que el volumen de páginas web de que disponemos y, por lo tanto, el volumen de información accesible mediante un simple enchufe a Internet se doblan cada tres meses a un ritmo frenético, y lo cierto es que nadamos en masas de información.
El ritmo de desarrollo del conocimiento es más difícil de medir, pero diversas estimaciones rigurosas concluyen que el stock de ciencia válida se ha venido doblando aproximadamente cada 15 años, que es también el ritmo al que se doblan las revistas científicas especializadas y el branching (la ramificación) de especialidades científicas. Y, desde luego, nadie puede poner en duda que se trata de uno de los pocos ámbitos donde podemos hablar con rigor de progreso, pues es difícil dudar que hoy sabemos (o, para ser más precisos, conocemos) bastante más que hace 100 años, y entonces más que hace 200, etcétera. Razón por la que no pocos (yo entre ellos) creemos que, si hay una variable independiente que pueda explicar la historia, ésa es el progreso de los conocimientos. Y todo parece indicar que, tras las dos previas revoluciones científicas, la que pone fin al neolítico para iniciar la historia de los primeros imperios, y la revolución científica europea del siglo XVII, la actual revolución científico-técnica no ha hecho sino comenzar. Podríamos visualizarlo diciendo que ambos crecen en progresión geométrica, pero la información lo hace cada tres meses, y el conocimiento, cada 15 años.
Sin embargo, la sabiduría de que disponemos no es hoy mucho mayor de la que tenían Confucio, Sócrates, Buda o Jesús, no parece haber mejorado mucho en los últimos tres mil años y, lo que es peor, no sabemos bien cómo producirla. Tampoco diría que ha retrocedido, pero sí que es casi una constante que ha variado poco o nada en los últimos siglos. Razón por la cual la lectura de la Ética a Nicómaco, de Aristóteles; el De constantia sapientis, de Séneca, o el Sermón de la montaña, de Jesús de Nazaret, tienen hoy tanto valor como cuando fueron publicados, mientras que (como decía Whitehead) la ciencia progresa olvidando sus clásicos, y nadie que desee saber óptica lee hoy la de Newton. Pues si hubiéramos progresado en sabiduría como lo hemos hecho en conocimiento, esos viejísimos textos morales carecerían de valor, como carece de valor actual el Tratado elemental de química, de Lavoisier.
Y hay más aun. Pues si bien es cierto que la ciencia carece de sabiduría, sin embargo se autodefine -y es aceptada casi siempre- como única forma de saber válido. Como ya señalara Thorstein Veblen en 1906 en el primer texto de sociología de la ciencia, "el sentido común moderno sostiene que la respuesta del científico es la única auténtica y definitiva". Puede ser, pero da la maldita casualidad que no responde, ni puede responder, a las preguntas más importantes. No otra cosa dirá Habermas mucho más tarde:
"Cientifismo significa... la convicción de que no podemos ya comprender la ciencia como una forma de conocimiento posible, sino que más bien debemos identificar conocimiento y ciencia".
Pero en esa medida, en la medida en que aceptamos, erróneamente, que la ciencia es el único saber válido, ella misma se transforma en un disolvente de todo otro saber alternativo posible, y, por lo tanto, en disolvente de todo saber de fines, en disolvente de la escasa sabiduría de que disponemos. Con el resultado paradójico de que cada vez sabemos más qué podemos hacer (cada vez podemos hacer más cosas), pero sabemos menos qué debemos hacer, pues incluso la poca sabiduría de que disponemos la menospreciamos. Ciertamente, invenciones sin fin, sin finalidad, sin objeto. Así, por poner un ejemplo, sabemos que podemos clonar seres humanos; pero, ¿cuándo y por qué es razonable hacerlo?
Vivimos, pues, anegados de información, con sólidos y eficaces conocimientos científicos, pero ayunos casi por completo de sabiduría. Sospecho que Eliot tenía toda la razón y nuestro problema es que no somos capaces de producir sabiduría, al menos al ritmo al que producimos conocimiento.
Autora: Gloria Carrizo Sainero (*)
Fuente: Revista de Investigación Iberoamericana en Ciencia de
la Información y Documentación, vol. I / nº 2, julio-diciembre de 2000
Tema: bibliometría, bibliografía, fuentes
de información, documentación
URL documento: inglés/castellano (en PDF)
(*) Profesora titular de Biblioteconomía y Documentación, Universidad Carlos III de Madrid.
Se pretende establecer que la Bibliometría es una técnica que desarrolla sus unidades de medida basándose esencialmente, en la Bibliografía, las Fuentes de Información y en las Ciencias de la Documentación, base de todas las disciplinas señaladas.
Los fundamentos teóricos y conceptuales de la Bibliometría parten de las siguientes hipótesis:
Estas tres hipótesis constituyen los pilares para formular el concepto de Bibliometría.
Desde su origen hasta la actualidad, la Bibliometría ha estado ligada estrechamente tanto con la Bibliografía como con las Fuentes de Información. Esta relación constituye una dependencia de estas últimas disciplinas, ya que los estudios bibliométricos se llevan a cabo a partir de los análisis de las Fuentes de Información, que constituyen la base sobre la cual se mide la producción científica.
La misma Bibliometría, desde su origen, identifica a la Bibliografía como base fundamental de su desarrollo, e incluso, los propios investigadores de esta disciplina hacen referencia a las Fuentes de Información como el medio sobre el cual se aplican las técnicas bibliométricas, que a su vez, están estrechamente relacionadas con los métodos estadísticos.
La primera denominación que recibe lo que hoy conocemos como Bibliometría es la de Bibliografía Estadística, que se aplica por primera vez en el año 1923, por Hulme (1), basándose en la necesidad de efectuar un recuento de las publicaciones existentes que empezaban a ser inasequibles a los investigadores por el gran volumen que estaban alcanzando. Así, a la Bibliografía se le añaden métodos propios de la Estadística para analizar las necesidades de información de los científicos. Éste mismo criterio de Bibliografía Estadística, lo mantiene Raising, en 1962.
Sin embargo fue Otlet (2), en el año 1934, el primer investigador que aplicó el nombre de Bibliometrie a la técnica que trataba de cuantificar la Ciencia y a los Científicos. Éste teórico, pionero de las Ciencias de la Documentación, insiste en diferenciar la Bibliometría de la Bibliografía Estadística, ya que desde el origen, la medida o cuantificación de la ciencia se realizaba utilizando técnicas estadísticas que se aplicaban a las fuentes de información.
López Yepes destaca la tendencia de Otlet para organizar los conocimientos y la permanente persecución de la síntesis que explica como se forman y crecen los conceptos, situando, por encima de todo, su tendencia a la organización racional (3).
Desde el punto de vista de Otlet, la Bibliografía se confirma como ciencia general que recoge y clasifica sistemáticamente el conjunto de los datos relativos a la producción, la conservación, la circulación y la utilización de los escritos y de los documentos de toda especie.
En su Tratado de la Documentación, establece una serie de nociones respecto a la Bibliometria, entre las que destaca:
Otlet sigue realizando el análisis y las razones por las que otras ciencias como la astronomía, la astrología, biología sociología y otras más, tienden a ser cuantitativas y por lo tanto establecen métodos de medida que permiten obtener resultados. En cuanto al libro, apunta el autor:
Otlet sienta unas bases incipientes de la bibliometría, ateniéndose a diversos factores, como las lenguas, los espacios en los diferentes textos, los coeficientes referidos, entre otras cosas, a los formatos y precios unitarios además de recurrir a la estadística y los índices de comparación; tiene en cuenta la frecuencia de la lectura de un autor o de un libro donde podría observarse una curva de "frecuencia de utilidad" considerando las ediciones realizadas a una obra en función de una autor, del contenido y del momento social en el que este aparece.
En cuanto a la estadística la opinión de Otlet es que, a pesar de su importancia, en relación con el libro, cumple una misión diferente de la bibliometría, y opina que:
"La estadística del libro se confunde con la Bibliometría, bien porque hasta aquí se haya aplicado a principalmente a enumerar la cantidad producida de los libros (ediciones). Pero la estadística comienza ahora a extenderse alas tiradas, a la circulación del libro, a las bibliotecas a las librerías, a los precios, etc. Se han emprendido ya considerables trabajos sobre la estadística del libro. Han tratado sobre las cifras absolutas y también sobre los coeficientes. Sin duda no es preciso exagerar el valor de estas cifras, pues la enumeraciones están lejos de ser completas, exactas, comparables. Por otra parte, los coeficientes que podemos obtener no son más que medidas que comparan toda suerte de variaciones, en función de innumerables variables. Pero teniendo los números que ya poseemos como provisionales, deben ser para nosotros un camino hacía números más exactos y más completos..."
Es evidente que para Otlet la Bibliometría mide el contenido del libro y la estadística el continente y sus circunstancias.
Tras lo expuesto, no cabe duda de que los avances en época temprana sobre Bibliometría se deben a Otlet. Habrá que esperar todavía unos años hasta que se puedan encontrar otros tratadistas que dediquen sus estudios a esta disciplina. No obstante, en el criterio de todos los investigadores posteriores como Raising, Price, Carpintero y Tortosa y otros, se constata la idea de que la Bibliografía es la base de la Bibliometría y vienen a coincidir en definir la Bibliometría como el estudio cuantitativo y el análisis de los materiales bibliográficos que permiten la medición o la cuantificación de la información bibliográfica que es susceptible de ser analizada, lo que equivale a considerar la Bibliometría como un método por el cual se aplican tratamientos cuantitativos a las obras escritas y a su comportamiento (4).
La finalidad de la Bibliografía es la compilación de los repertorios y la forma de utilizar los mismos. Se preocupa de dar noticia de los materiales bibliográficos existentes, documentos o textos que han sido fijados a través de diferentes sistemas; por lo tanto, la Bibliografía da cuenta de los materiales bibliográficos del pasado y de los actuales (5).
De la descripción bibliográfica de los documento que constituyen una bibliografía, se toman los elementos que permiten a la Bibliometría elaborar sus estudios como son: el autor o autores, título general de la publicación periódica o de la publicación monográfica; año de publicación, tipo de documento (artículo, monografía, biografía...), idioma o lengua, resumen -caso de que la bibliografía sea analítica- y palabras clave o descriptores.
Las referencias bibliográficas facilitan a los científicos una gran cantidad de información que deben tener en cuenta para efectuar sus estudios bibliométricos y sin las cuales no podrían realizarlos.
La comunicación científica debe de disponer de canales de comunicación variados, pero en general para poner en circulación un mensaje sólo es necesario un emisor o productor, un destinatario y un canal de comunicación. Esta canal de comunicación no es otro que las Fuentes de Información.
El emisor o productor puede ser un organismo, una institución o un individuo, ellos ponen en marcha el vehículo de comunicación o mensaje, que llegará a un receptor igualmente organismo, institución o individuo; este mensaje recibido podrá ser transformado en otro u otros que volverán a circular sucesivamente de la misma forma creando siempre nuevos mensajes que originan el crecimiento científico.
Los documentos contienen los mensajes emitidos por los distintos autores como resultado de la creación científica del propio autor del documento. Las Fuentes de Información se construyen con documentos cualquiera que sea el soporte de éstos y siempre que la información que contengan se pueda interpretar para que se logre la función prioritaria de informar y comunicar.
La abundancia de documentos trasladando información tanto divulgativa como especializada dificulta los análisis bibliométricos ante la imposibilidad de poder acceder a todos ellos, por esto se construyen las fuentes de información; éstas, ya sean multidisciplinares o especializadas, reúnen los documentos que, debidamente analizados, proporcionan los datos o campos bibliográficos que facilitan el recuento, análisis y tratamiento estadístico con los que se realizan los estudios bibliométricos.
Una asignatura es interdisciplinar cuando se entre laza en razón de dependencia o préstamo con otras disciplinas de su mismo entorno científico; será multidisciplinar cuando sea capaz se saltar de su campo científico y tomar préstamo o prestar a su vez técnicas o conocimientos que auxilien o apoyen en su crecimiento o en su conocimiento a cualquier otra disciplina, materia o ciencia.
La Bibliometría, como asignatura interdisciplinar es auxiliar o instrumento de medida de las distintas materias que forman parte de su campo de conocimiento o sea, de todas aquellas disciplinas que constituyen el panorama curricular de la Biblioteconomía y la Documentación en la que todas las asignaturas se encadenan unas a otras de tal manera que si uno de los eslabones de la cadena falla, difícilmente los restantes podrían entroncare de manera correcta o satisfactoria.
Como ejemplo de esto que hasta aquí se ha expresado no hay que dejar de recordar que la Bibliometría colabora con las fuentes de información para detectar la lagunas existentes en los fondos bibliográficos para la constitución y mantenimiento del depósito documental, o para facilitar el expurgo. Sus análisis se basan en los campos de descripción de los documentos primarios que desarrolla el Análisis Documental en cualquiera de sus facetas: Catalogación, Clasificación o Indización, y ante la imposibilidad de localizar documento a documento, dada la cada vez mayor abundancia de los mismos, recurre a las Bibliografía y Fuentes de Información -impresas o mecanizadas-, para obtener el conjunto de documentos que quiera analizar sobre una materia o sus investigadores.
El desarrollo experimentado por la Documentación y sus técnicas han contribuido de manera notable al origen y consolidación de la Bibliometría, a su vez, ésta también ha tenido un papel destacado en la difusión y aplicaciones de la Ciencia de la Documentación estableciendo entre ambas una simbiosis que ha permitido alcanzar una importante situación de expansión a esta Ciencia.
En cuanto a su carácter multidisciplinar y debido a él, la Bibliometría toma las técnicas de la Estadística para realizar sus estudios, además de las encuestas y los tests, documentos primarios de la Sociología y se ayuda de la Informática para construir los resultados de sus estudios por medio de hojas de cálculo o programas de ordenador?8 específicos de la Estadística, sin contar con la utilización de las bases de datos que contienen los documentos que analiza. Con todas esta herramientas propias de otros campos del conocimiento se construyen los análisis bibliométricos que analizan la producción científica y de los científicos de los diferentes campos del saber o de la Ciencia.
Como se dijo en la introducción de este trabajo la Bibliometria tiene su base epistemológica en la Bibliografía; la Bibliometría es un factor de medición de las Fuentes de Información y, además, es un método o conjunto de métodos para la investigación científica. Así pues, en consecuencia:
La Bibliometría estudia la organización de los sectores tecnológicos a partir de las Fuentes de Información.
Mide el crecimiento de la Ciencia por medio de la producción de los científicos aplicando métodos estadísticos y así poder establecer el desarrollo de las disciplinas científicas.
Realiza estudios de consumo de información basándose en los documentos que utilizan los científicos.
Estos análisis se efectúan por medio de las referencias bibliográficas de las publicaciones contenidas en las bibliografías y en las fuentes de información tomando como punto de partida un periodo de tiempo determinado, porque en los instrumentos bibliográficos hay suficiente información sobre documentos primarios para que se puedan hacer estudios bibliométricos de cierta relevancia.
Así pues, la Bibliometría surge de la Bibliografía como una subespecialidad de ésta y se dedica a la cuantificación de los contenidos bibliográficos. Ambas, Bibliografía y Bibliometría son producto de las Ciencias de la Documentación.
Los estudios bibliométricos se pueden enfocar desde el punto de vista de las Fuentes de Información, que como se viene manteniendo son su base principal. Así, se seleccionan las fuentes de información más idóneas para el desarrollo de la investigación que se quiera efectuar.
También pueden utilizarse los catálogos o catálogos colectivos de títulos de revistas y las fuentes bibliográficas en los que se incluyen los resúmenes de los libros o revistas analizadas para localizar las referencias que reciben los diferentes autores en sus trabajos. Este será un método de medida propio de la Bibliometría: el análisis de citas. La posibilidad de interpretación de estas medidas cuantitativas abre vías para el estudio de las Ciencias.
Partiendo de estas premisas, así como de los fundamentos expuestos se puede se puede sugerir desde el razonamiento expresado a lo largo de este trabajo, que: La Bibliometría es el conjunto de conocimientos metodológicos para la aplicación de técnicas cuantitativas, destinadas al estudio de los procesos de producción, comunicación y uso de la información científica, con el objeto de contribuir al análisis y evaluación de la Ciencia y la investigación.
(1) Hulme, E.W. Statistical
bibliography in relation on the growth of modern civilization. London:
Grafton, 1923.
(2) Otlet, P. Tratado
de la Documentación. Traducción de Maria Dolores Ayuso.
Murcia: Universidad de Murcia, 1996.
(3) López Yepes,
José. La construcción epistemológica de la Ciencia
de la Documentación. Teoría de la Documentación.
Pamplona: Eunsa, 1978, p. 31-32.
(4) Pritchard. A. Statistiscal
biography on bibliometrics. Journal of Documentation, 1969, vol.25,
nº.4, p. 348-349.
(5) Simón Díaz,
José. La Bibliografía: concepto y aplicaciones. Barcelona:
Planeta, 1991.
BALSAMO, L. La bibliografía. Storia de una tradizione. Firenze: Sansoni Editori, 1984.
BESTERMAN, T. Les débouts de la bibliographie méthodique. París: La Palme, 1950.
BORREGO HUERTA, A. La investigación cualitativa y sus aplicaciones en Biblioteconomía y Documentación. Revista Española de Documentación Científica, 1999, vol. 22, nº. 2, p. 159-156.
BRADFORD, S.C. La Documentation. London : Crosby Locwood & Son, 1948.
CARPINTERO, H.; TORTOSA, F. Aplicaciones metodológicas de la bibliometría a la historia de la Psicología: una visión de conjunto. Valencia: Promolibro, 1996.
KRUMMEL, D.W. Bibliographies. Their aims and methods, 2ª ed. London, New-York: Mansell Publishing, 1986.
LÓPEZ YEPES, J. La Documentación como disciplina: Teoría e historia. Pamplona: EUNSA, 1995.
MORAVSKY, M.J. ¿Como evaluar la ciencia y a los científicos?. Revista Española de Documentación Científica. 1989, vol. 12, nº. 2, p. 313-325.
OTLET, P. Tratado de la Documentación. Traducción de María Dolores Ayuso. Murcia: Universidad de Murcia, 1996. Traité de Documentation. Le livre sur le livre.
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ZITT, M.; BASSECOULARD, E. Internationalization of communication: a view on the evolution of scientific journal. Scientometrics. 1999, vol. 46, nº.3, p. 669, 685.
Autor: Jorge Luis Borges
Fecha de publicación: 1941
Tema: filosofía, lógica
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Se pueden encontrar otros relatos cortos de Borges, y textos sobre lógica en general, en esta página, perteneciente al sitio personal de Diego Reina, dedicado a la publicación de documentos relacionados con las diversas ramas de la Filosofía.
El universo (que otros llaman la Biblioteca) se compone de un número indefinido, y tal vez infinito, de galerías hexagonales, con vastos pozos de ventilación en el medio, cercados por barandas bajísimas. Desde cualquier hexágono, se ven los pisos inferiores y superiores: interminablemente. La distribución de las galerías es invariable. Veinte anaqueles, a cinco largos anaqueles por lado, cubren todos los lados menos dos; su altura, que es la de los pisos, excede apenas la de un bibliotecario normal. Una de las caras libres da a un angosto zaguán, que desemboca en otra galería, idéntica a la primera y a todas. A izquierda y a derecha del zaguán hay dos gabinetes minúsculos. Uno permite dormir de pie; otro, satisfacer las necesidades finales. Por ahí pasa la escalera espiral, que se abisma y se eleva hacia lo remoto. En el zaguán hay un espejo, que fielmente duplica las apariencias. Los hombres suelen inferir de ese espejo que la Biblioteca no es infinita (si lo fuera realmente ¿a qué esa duplicación ilusoria?); yo prefiero soñar que las superficies bruñidas figuran y prometen el infinito... La luz procede de unas frutas esféricas que llevan el nombre de lámparas. Hay dos en cada hexágono; transversales. La luz que emiten es insuficiente, incesante.
Como todos los hombres de la Biblioteca, he viajado en mi juventud; he peregrinado en busca de un libro, acaso del catálogo de catálogos; ahora que mis ojos casi no pueden descifrar lo que escribo, me preparo a morir a unas pocas leguas del hexágono en que nací. Muerto, no faltarán manos piadosas que me tiren por la baranda; mi sepultura será el aire insondable; mi cuerpo se hundirá largamente y se corromperá y disolverá en el viento engendrado por la caída, que es infinita. Yo afirmo que la Biblioteca es interminable. Los idealistas arguyen que las salas hexagonales son una forma necesaria del espacio absoluto o, por lo menos, de nuestra intuición del espacio. Razonan que es inconcebible una sala triangular o pentagonal. (Los místicos pretenden que el éxtasis les revela una cámara circular con un gran libro circular de lomo continuo, que da toda vuelta de las paredes; pero su testimonio es sospechoso; sus palabras, oscuras. Ese libro cíclico es Dios.) Básteme, por ahora, repetir el dictamen clásico: La Biblioteca es una esfera cuyo centro cabal es cualquier hexágono, cuya circunferencia es inaccesible.
A cada uno de los muros de cada hexágono corresponden cinco anaqueles; cada anaquel encierra treinta y dos libros de formato uniforme; cada libro es de cuatrocientas diez páginas; cada página, de cuarenta renglones; cada renglón, de unas ochenta letras de color negro. También hay letras en el dorso de cada libro: esas letras no indican o prefiguran lo que dirán las páginas. Sé que esa inconexión, alguna vez, pareció misteriosa. Antes de resumir la solución (cuyo desplazamiento, a pesar de sus trágicas proyecciones, es quizá el hecho capital de la historia) quiero rememorar algunos axiomas.
El primero: La Biblioteca existe ab aeterno. De esa verdad cuyo corolario inmediato es la eternidad futura del mundo, ninguna mente razonable puede dudar. El hombre, el imperfecto bibliotecario, puede ser obra del azar o de los derniurgos malévolos; el universo, con su elegante dotación de anaqueles, de tomos enigmáticos, de infatigables escaleras para el viajero y de letrinas para el bibliotecario sentado, sólo puede ser obra de un dios. Para percibir la distancia que hay entre lo divino y lo humano, basta comparar estos rudos símbolos trémulos que mi falible mano garabatea en la tapa de un libro, con las letras orgánicas del interior: puntuales, delicadas, negrísimas, inimitablemente simétricas.
El segundo: El número de símbolos ortográficos cs veinticinco (1). Esa comprobación permitió, hace trescientos años, formular una teoría general de la Biblioteca y resolver satisfactoriamente el problema que ninguna conjetura había descifrado: la naturaleza informe y caótica de casi todos los libros. Uno, que mi padre vio en un hexágono del circuito quince noventa y cuatro, constaba de las letras M C V perversamente repetidas desde el renglón primero hasta el último. Otro (muy consultado en esta zona) es un mero laberinto de letras, pero la página penúltima dice Oh tiempo tus pirámides. Ya se sabe: por una línea razonable o una recta noticia hay leguas de insensatas cacofonías, de fárragos verbales y de incoherencias. (Yo sé de una región cerril cuyos bibliotecarios repudian la supersticiosa y vana costumbre de buscar sentido en los libros y la equiparan a la de buscarlo en los sueños o en las líneas caóticas, de la mano... Admiten que los inventores de la escritura imitaron los veinticinco símbolos naturales, pero sostienen que esa aplicación es casual y que los libros nada significan en sí. Ese dictamen, ya veremos, no es del todo falaz.)
Durante mucho tiempo se creyó que esos libros impenetrables correspondían a lenguas pretéritas o remotas. Es verdad que los hombres más antiguos, los primeros bibliotecarios, usaban un lenguaje asaz diferente del que hablamos ahora; es verdad que unas millas a la derecha la lengua es dialectal y que noventa pisos, más arriba, es incomprensible. Todo eso, lo repito, es verdad, pero cuatrocientas diez páginas de inalterables M C V no pueden corresponder a ningún idioma, por dialectal o rudimentario que sea. Algunos insinuaron que cada letra podía influir en la subsiguiente y que el valor de M C V en la tercera línea de la página 71 no era el que puede tener la misma serie en otra posición de otra página, pero esa vaga tesis no prosperó. Otros pensaron en criptografías; universalmente esa conjetura ha sido aceptada, aunque no en el sentido en que la formularon sus inventores.
Hace quinientos años, el jefe de un hexágono superior (2) dio con un libro tan confuso como los otros pero que tenía casi dos hojas de líneas homogéneas. Mostró su hallazgo a un descifrador ambulante, que le dijo que estaban redactadas en portugués; otros le dijeron que en yiddish. Antes de un siglo pudo establecerse el idioma: un dialecto samoyedo-lituano del guaraní, con inflexiones de árabe clásico. También se descifró el contenido: nociones de análisis combinatorio, ilustradas por ejemplos de variaciones con repetición ilimitada. Esos ejemplos permitieron que un bibliotecario de genio descubriera la ley fundamental de la Biblioteca. Este pensador observó que todos los libros, por diversos que sean, constan de elementos iguales: el espacio, el punto, la coma, las veintidós letras del alfabeto. También alegó un hecho que todos los viajeros han confirmado: No hay, en la vasta Biblioteca, dos libros idénticos. De esas premisas incontrovertibles dedujo que la Biblioteca es total y que sus anaqueles registran todas las posibles combinaciones de los veintitantos símbolos ortográficos (número, aunque vastísimo, no infinito) o sea, todo lo que es dable expresar: en todos los idiomas. Todo: la historia minuciosa del porvenir, las autobiografías de los arcángeles, el catálogo fiel de la Biblioteca, miles y miles de catálogos falsos, la demostración de la falacia de esos catálogos, la demostración de la falacia del catálogo verdadero, el evangelio gnóstico de Basílides, el comentario de ese evangelio, el comentario del comentario de ese evangelio, la relación verídica de tu muerte, la versión de cada libro a todas las lenguas, las interpolaciones de cada libro en todos los libros, el tratado que Beda pudo escribir (y no escribió) sobre la mitología de los sajones, los libros perdidos de Tácito.
Cuando se proclamó que la Biblioteca abarcaba todos los libros, la primera impresión fue de extravagante felicidad. Todos los hombres se sintieron señores de un tesoro intacto y secreto. No había problema personal o mundial cuya elocuente solución no existiera: en algún hexágono. El universo estaba justificado, el universo bruscamente usurpó las dimensiones ilimitadas de la esperanza. En aquel tiempo se habló mucho de las Vindicaciones: libros de apología y de profecía, que para siempre vindicaban los actos de cada hombre del universo y guardaban arcanos prodigiosos para su porvenir. Miles de codiciosos abandonaron el dulce hexágono natal y se lanzaron escaleras arriba, urgidos por el vano propósito de encontrar su Vindicación. Esos peregrinos disputaban en los corredores estrechos, proferían oscuras maldiciones, se estrangulaban en las escaleras divinas, arrojaban los libros engañosos al fondo de los túneles, morían despeñados por los hombres de regiones remotas. Otros se enloquecieron... Las Vindicaciones existen (yo he visto dos que se refieren a personas del porvenir, a personas acaso no imaginarias) pero los buscadores no recordaban que la posibilidad de que un hombre encuentre la suya, o alguna pérfida variación de la suya, es computable en cero.
También se esperó entonces la aclaración de los misterios básicos de la humanidad: el origen de la Biblioteca y del tiempo. Es verosímil que esos graves misterios puedan explicarse en palabras: si no basta el lenguaje de los filósofos, la multiforme Biblioteca habrá producido el idioma inaudito que se requiere y los vocabularios y gramáticas de ese idioma. Hace ya cuatro siglos que los hombres fatigan los hexágonos... Hay buscadores oficiales, inquisidores. Yo los he visto en el desempeño de su función: llegan siempre rendidos; hablan de una escalera sin peldaños que casi los mató; hablan de galerías y de escaleras con el bibliotecario; alguna vez, toman el libro más cercano y lo hojean, en busca de palabras infames. Visiblemente, nadie espera descubrir nada.
A la desaforada esperanza, sucedió, como es natural, una depresión excesiva. La certidumbre de que algún anaquel en algún hexágono encerraba libros preciosos y de que esos libros preciosos eran inaccesibles, pareció casi intolerable. Una secta blasfema sugirió que cesaran las buscas y que todos los hombres barajaran letras y símbolos, hasta construir, mediante un improbable don del azar, esos libros canónicos. Las autoridades se vieron obligadas a promulgar órdenes severas. La secta desapareció, pero en mi niñez he visto hombres viejos que largamente se ocultaban en las letrinas, con unos discos de metal en un cubilete prohibido, y débilmente remedaban el divino desorden.
Otros, inversamente, creyeron que lo primordial era eliminar las obras inútiles. Invadían los hexágonos, exhibían credenciales no siempre falsas, hojeaban con fastidio un volumen y condenaban anaqueles enteros: a su furor higiénico, ascético, se debe la insensata perdición de millones de libros. Su nombre es execrado, pero quienes deploran los «tesoros» que su frenesí destruyó, negligen dos hechos notorios. Uno: la Biblioteca es tan enorme que toda reducción de origen humano resulta infinitesimal. Otro: cada ejemplar es único, irreemplazable, pero (como la Biblioteca es total) hay siempre varios centenares de miles de facsímiles imperfectos: de obras que no difieren sino por una letra o por una coma. Contra la opinión general, me atrevo a suponer que las consecuencias de las depredaciones cometidas por los Purificadores, han sido exageradas por el horror que esos fanáticos provocaron. Los urgía el delirio de conquistar los libros del Hexágono Carmesí: libros de formato menor que los naturales; omnipotentes, ilustrados y mágicos.
También sabemos de otra superstición de aquel tiempo: la del Hombre del Libro. En algún anaquel de algún hexágono (razonaron los hombres) debe existir un libro que sea la cifra y el compendio perfecto de todos los demás: algún bibliotecario lo ha recorrido y es análogo a un dios. En el lenguaje de esta zona persisten aún vestigios del culto de ese funcionario remoto. Muchos peregrinaron en busca de Él. Durante un siglo fatigaron en vano los más diversos rumbos. ¿Cómo localizar el venerado hexágono secreto que lo hospedaba? Alguien propuso un método regresivo: Para localizar el libro A, consultar previamente un libro B que indique el sitio de A; para localizar el libro B, consultar previamente un libro C, y así hasta lo infinito... En aventuras de ésas, he prodigado y consumido mis años. No me parece inverosímil que en algún anaquel del universo haya un libro total (3); ruego a los dioses ignorados que un hombre -¡uno sólo, aunque sea, hace miles de años!- lo haya examinado y leído. Si el honor y la sabiduría y la felicidad no son para mí, que sean para otros. Que el cielo exista, aunque mi lugar sea el infierno. Que yo sea ultrajado y aniquilado, pero que en un instante, en un ser, tu enorme Biblioteca se justifique.
Afirman los impíos que el disparate es normal en la Biblioteca y que lo razonable (y aun la humilde y pura coherencia) es una casi milagrosa excepción. Hablas (lo sé) de «la Biblioteca febril, cuyos azarosos volúmenes corren el incesante albur de cambiarse en otros y que todo lo afirman, lo niegan y lo confunden como una divinidad que delira». Esas palabras que no sólo denuncian el desorden sino que lo ejemplifican también, notoriamente prueban su gusto pésimo y su desesperada ignorancia. En efecto, la Biblioteca incluye todas las estructuras verbales, todas las variaciones que permiten los veinticinco símbolos ortográficos, pero no un solo disparate absoluto. Inútil observar que el mejor volumen de los muchos hexágonos que administro se titula Trueno peinado, y otro El calambre de yeso y otro Axaxaxas mlö. Esas proposiciones, a primera vista incoherentes, sin duda son capaces de una justificación criptográfica o alegórica; esa justificación es verbal y, ex hypothesi, ya figura en la Biblioteca. No puedo combinar unos caracteres dhcmrlchtdj que la divina Biblioteca no haya previsto y que en alguna de sus lenguas secretas no encierren un terrible sentido. Nadie puede articular una sílaba que no esté llena de ternuras y de temores; que no sea en alguno de esos lenguajes el nombre poderoso de un dios. Hablar es incurrir en tautologías. Esta epístola inútil y palabrera ya existe en uno de los treinta volúmenes de los cinco anaqueles de uno de los incontables hexágonos -y también su refutación. (Un número n de lenguajes posibles usa el mismo vocabulario; en algunos, el símbolo biblioteca admite la correcta definición ubicuo y perdurable sistema de galerías hexagonales, pero biblioteca es pan o pirámide o cualquier otra cosa, y las siete palabras que la definen tienen otro valor. Tú, que me lees, ¿estás seguro de entender mi lenguaje?)
La escritura metódica me distrae de la presente condición de los hombres. La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma. Yo conozco distritos en que los jóvenes se prosternan ante los libros y besan con barbarie las páginas, pero no saben descifrar una sola letra. Las epidemias, las discordias heréticas, las peregrinaciones que inevitablemente degeneran en bandolerismo, han diezmado la población. Creo haber mencionado los suicidios, cada año más frecuentes. Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana -la única- está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta.
Acabo de escribir infinita. No he interpolado ese adjetivo por una costumbre retórica; digo que no es ilógico pensar que el mundo es infinito. Quienes lo juzgan limitado, postulan que en lugares remotos los corredores y escaleras y hexágonos pueden inconcebiblemente cesar -lo cual es absurdo. Quienes lo imaginan sin límites, olvidan que los tiene el número posible de libros. Yo me atrevo a insinuar esta solución del antiguo problema: La biblioteca es ilimitada y periódica. Si un eterno viajero la atravesara en cualquier dirección, comprobaría al cabo de los siglos que los mismos volúmenes se repiten en el mismo desorden (que, repetido, sería un orden: el Orden). Mi soledad se alegra con esa elegante esperanza (4).
1. El manuscrito original no contiene guarismos o mayúsculas. La puntuación ha sido limitada a la coma y al punto. Esos dos signos, el espacio y las veintidós letras del alfabeto son los veinticinco símbolos suficientes que enumera el desconocido. (Nota del editor.)
2. Antes, por cada tres hexágonos había un hombre. El suicidio y las enfermedades pulmonares han destruido esa proporción. Memoria de indecible melancolía: a veces he viajado muchas noches por corredores y escaleras pulidas sin hallar un solo bibliotecario.
3. Lo repito: basta que un libro sea posible para que exista. Sólo está excluido lo imposible. Por ejemplo: ningún libro es también una escalera, aunque sin duda haya libros que discuten y niegan y demuestran esa posibilidad y otros cuya estructura corresponde a la de una escalera.
4. Letizia Alvarez de Toledo ha observado que la vasta Biblioteca es inútil; en rigor, bastaría un solo volumen, de formato común, impreso en cuerpo nueve o en cuerpo diez, que constara de un número infinito de hojas infinitamente delgadas. (Cavalieri, a principios del siglo XVII, dijo que todo cuerpo sólido es la superposición de un número infinito de planos.) El manejo de ese vademecum sedoso no sería cómodo: cada hoja aparente se desdoblaría en otras análogas: la inconcebible hoja central no tendría revés.
En el libro "Ayudando a la memoria. Técnicas y trucos para recordar" (Plaza & Janes, 2001; ISBN: 84-8450-527-8) su autor, Josep Mª Albaigès, incluye, como complemento imprescindible a la excelente descripción que se aborda en el texto en relación con los procesos de retención, memoria, y técnicas de recuperación o recuerdo de lo memorizado, un curioso "Diccionario de Mnemotecnias". En él se recogen, ordenados alfabéticamente en relación con la cuestión a la que hacen referencia, diferentes recursos mnemotécnicos (de mnemo + tecnia, aquellos elementos que sirven para auxiliar a la memoria), algunos de cierta complejidad y otros más asequibles, referidos a aspectos muy variados. En este mismo diccionario se encuentra la siguiente definición:
"Llamamos mnemotecnia a cualquier truco o procedimiento abreviado que permite recordar, de forma más o menos provisional, una cosa concreta y en general breve."En "Ayudando a la memoria...", página 95
Me quedo para esta ocasión con dos curiosidades referidas al universo de las clasificaciones, entendidas éstas en sentido amplio (cito textualmente):
Clasificación decimal en bibliotecas
Las temáticas de la clasificación decimal suelen ser: 0. Obras Generales - 1. Filosofía - 2. Religión - 3. Ciencias Sociales - 4. Lengua - 5. Ciencias Puras - 6. Tecnología - 7. Arte - 8. Literatura - 9. Historia. Que se recuerdan con la frase: "Generales: ¡filosofad religiosamente! Socios: ¡hablad puramente! Técnicos y artistas: ¡escribid históricamente!".Taxonomía
La clasificación de las especies naturales comprende los siguientes escalones: Reino - Tipo - Clase - Orden - Familia - Género - Especie. Se recuerda esta secuencia, en orden inverso, con la frase: "Una especie general de familias ordenadas clasifican los tipos del reino".
Es también muy curiosa la descripción mnenotécnica de los silogismos (y la forma de recordar las figuras en que los escolásticos los clasificaron), del número pi, y de varios principios o teoremas fundamentales de la física y la estadística, entre otros, pero dada la relativamente amplia extensión de los textos en cuestión, me remito a la consulta y lectura del libro referenciado, caso de interesar este tema.
La lógica silogística o aristotélica trata de determinar la verdad o falsedad de determinado argumento filosófico, mediante el contraste de proposiciones o premisas, y en cierto sentido puede ser considerada como una formalización, basada en expresiones del lenguaje natural, del sentido común. La utilización del silogismo por parte de los escolásticos se entiende dada la integración de la filosofía de Aristóteles en la dogmática cristiana, característica de la tarea de reflexión desarrollada por este grupo de pensadores de la Filosofía occidental entre mediados del siglo XI y mediados del siglo XV, aproximadamente.
Por otra parte, Josep Mª Albaigès es editor y articulista de la revista Carrollia,
"[...] órgano de comunicación [...] de Mensa España, que se dedica a las Matemáticas recreativas, la Lingüística, la Literatura Experimental, la Lógica, la Ciencia y todo aquello que hubiera gustado a Lewis Carroll."
Los boletines de los últimos años (1997-) están disponibles en formato PDF. También es muy recomendable, si se está interesado por estos temas, la "Colección de juegos de ingenio" (resueltos) del Club Mensa, gran parte de ellos editados originalmente en las páginas de Carrollia. En otro orden de "utilidad" páctica, el "Boletín Oficial de la Facultad de Ciencias Inútiles" (BOFCI) es otra publicación del Club Mensa cuya lectura conviene no perderse...
Y ya que hablamos, al menos tangencialmente, de juegos lógicos y de ingenio, mencionar dos bitácoras en lengua castellana dedicadas de forma monográfica a estos asuntos: Juegos de Ingenio & Acertijos y Pequeños Enigmas. En este último sitio se puede acceder a un buen número de enlaces que llevan a otras páginas de temática afín (ver el apartado "Buenas páginas de ingenio").
Autor: Jaime Peón Pérez, EUBD (UCM)
Tema: sistemas de clasificación, lenguajes documentales
Si bien en toda época histórica ha habido proyectos y esquemas de tipo clasificatorio para la ordenación de los conocimientos y de los documentos, los orígenes de los sistemas clasificatorios bibliográficos y bibliotecarios modernos pueden remontarse al año 1876 en que se publica la obra de Melvil Dewey, "A classification and subject index for cataloging and arranging the books and pamphlets of a Library" y tras ella aparecerán los cuatro grandes sistemas clasificatorios contemporáneos: la Clasificación de la Library of Congress, la Clasificación Decimal Universal (CDU), la Clasificación de Bliss, y el sistema clasificatorio de Ranganathan.
El sistema clasificatorio ideado y publicado en 1876 por el bibliotecario norteamericano del Amherst College Melvil Dewey [1] [2], está inspirado en los pensamientos y trabajos filosóficos de Auguste Comte y Roger Bacon y parte de tres principios característicos básicos, que serán posteriormente utilizados a su vez como elementos conformadores de la CDU. Estos tres principios son:
La gran innovación del sistema clasificatorio de Dewey consiste en abarcar el conjunto de los conocimientos sobre una división jerárquica constante en base diez, en la que el número de cifras corresponde al nivel de división. En ese esquema, el conjunto de los conocimientos se divide en nueve campos: 1: filosofía, 2: religión, 3: ciencias sociales, 4: idiomas, 5: ciencias exactas, 6: técnicas, 7: arte, 8: literatura, 9: geografía e historia y el número 0 queda reservado para las obras de carácter general.
La clasificación de Dewey ha evolucionado desde sus orígenes como esquema clasificatorio hasta su actual 20ª edición del año 1990, con más de 20.000 entradas, de la que existe una versión abreviada de aproximadamente 6.000, y su estructura consiste en una introducción teórica, siete tablas de números auxiliares (subdivisiones comunes, geográficas, literaturas, lenguas, razas y pueblos y notaciones de personas), las tablas de las notaciones de la clasificación y un índice alfabético de materias que en la edición completa supera las 100.000 entradas.
En la actualidad la clasificación de Dewey es utilizada por el 90% de las bibliotecas norteamericanas y se utiliza en la Biblioteca del Congreso, conjuntamente con su propia clasificación, y asimismo se emplea en los organismos bibliográficos responsables de la bibliografía nacional italiana, la British National Bibliography y las cintas MARC de Estados Unidos y Gran Bretaña.
Como clasificación bibliotecaria, la de Dewey es enumerativa, práctica y de fácil utilización, su evolución está asegurada por las revisiones correspondientes a sus sucesivas ediciones, que, desde la muerte de Dewey en 1931, son llevadas a cabo por la Lake Placid Education Foundation [fundada en 1922 por Dewey].
La clasificación de la Biblioteca del Congreso de Washington tiene su origen en un criterio pragmático adoptado en 1900 por Robert Putnam para la ordenación de los fondos de la Biblioteca del Congreso con motivo de su traslado a su nuevo edificio.
Su origen se encuentra en la Expansive Classification de Charles Cutter, sistema alfabético en la que cada letra se expandía por la adición de nuevas letras, adaptado por Hanson y Martel de forma que el medio de expansión de las letras mayúsculas fueran números y constituyeran así un sistema alfanumérico en el que las notaciones pueden constituirse como signatura topográfica para la colocación de los libros.
Las características básicas de la clasificación de la Biblioteca del Congreso son las de su carácter práctico ya que no pretende una organización sistemática de conocimientos sino una organización práctica de obras según su contenido, partiendo de las obras generales a las monografías especializadas.
Siguiendo esos criterios prácticos, los espacios destinados dentro del sistema clasificatorio a las obras de una determinada disciplina están en función del número de obras y no de su importancia intrínseca.
Su estructura está formada por 29 tablas, con aproximadamente 30.000 notaciones, que forman una obra de más de 10.000 páginas. Cada tabla está formada por una introducción histórica y explicativa, sinopsis, tablas, en ocasiones algunas tablas auxiliares, índices y suplementos con las modificaciones y adiciones.
La clasificación carece de índice general, y las notaciones se construyen con una o dos letras mayúsculas y hasta cuatro cifras árabes con valor entero y no decimal.
Como sistema clasificatorio, el de la Biblioteca del Congreso es el más enumerativo de todos ya que fue creado a la medida de un uso y una colección bibliográfica, la del Congreso, determinados, lo que hace que cuente con un amplio vocabulario y una gran fijeza, ya que sobre ella está organizada la colocación de los libros, realizándose las adiciones aparte.
Pese a sus orígenes como un esquema propio de uso interno, la clasificación de la Biblioteca del Congreso, debido a la gran importancia de esta, ha influido exteriormente en otros lugares y así, por ejemplo, su repertorio de encabezamientos de materia ha sido adoptado por la Biblioteca del Centro Pompidou de París y es utilizado como lista de autoridades de materia por la Biblioteca Nacional de Francia.
La Bibliographic Classification, es una creación del bibliotecario norteamericano Henry Evelyn Bliss, teórico y autor de obras como "Organization of Knowledege in Libraries" (1929), y creador del sistema de clasificación que lleva su nombre, que fue editado en forma resumida en 1935 y en edición completa, "A Bibliographic Classification", entre 1940 y 1953, con una segunda edición BC2, publicada sólo parcialmente.
La estructura del sistema clasificatorio se basa en un esquema de ordenación por disciplinas suficientemente flexible como para adaptarse a revisiones parciales según la evolución de los conocimientos. Junto a ello se establece un orden entre las disciplinas de forma que pueda producirse una gradación entre ellas y se subordinen de manera que cada nueva disciplina derive tanto como sea posible de la que la preceda, yendo desde las más simples a las más complejas.
La clasificación comprende cuatro volúmenes, compuestos por una introducción general, una introducción a las ciencias de la naturaleza, una sinopsis breve y una sinopsis general, las tablas A-Z y los índices, con unas 45.000 entradas.
El sistema de notación es alfabético con letras mayúsculas y utiliza números para notaciones de forma y auxiliares, ofreciendo notaciones abreviadas y colocaciones alternativas para materias susceptibles de estar en mas de un lugar, con tres tipos de tablas auxiliares: de carácter general, de tipo histórico y filológico y de carácter especial.
Como sistema clasificatorio el de Bliss es un sistema pedagógico, de gran claridad que aplica a las disciplinas un esquema que las contempla desde los puntos de vista filosófico, teórico, histórico y práctico, (base teórica de cada disciplina, la disciplina en si misma, su historia y sus aplicaciones), sustituyendo la ordenación de tipo jerárquico por una gradación de lo simple a lo complejo en las disciplinas y de lo general a lo particular entre los distintos conceptos de una materia.
La clasificación de Bliss, dado su carácter científico y pedagógico y su adaptabilidad, es utilizada por numerosas bibliotecas universitarias de países anglosajones, y su edición y mantenimiento corren a cargo de la BC Association que edita la publicación periódica "Bliss Classification Bulletin".
La Colon Classification es una creación de S. R. Ranganathan, matemático y bibliotecario, director de la biblioteca de la Universidad de Delhi, y autor de obras como "Library classification fundamentals and procedure" (1944) y "Elements of library classification" (1953).
El sistema clasificatorio, en el que juega un papel principal el signo : (colon), como elemento de relación, supone una ruptura total con los demás sistemas de clasificación, ya que no contempla un esquema de conocimientos, que se va subdividiendo lineal y jerárquicamente, sino una realidad básica que se descompone en facetas según se le apliquen distintas características.
Esto es, el sistema consiste en clasificar materias y conocimientos no sólo por la relación jerárquica de genero a especie, sino también por las relaciones existentes entre una cosa y sus partes, sus materias constitutivas, sus propiedades, los tratamientos a los que pueden estar sometidas, el espacio y el tiempo.
El sistema de Ranganathan hace que cada documento no se sitúe en una signatura preestablecida en una tabla creada a esos efectos, sino que se define analíticamente a través de combinaciones de signos que tienen en cuenta su personalidad y propiedades.
Así, la Colon Classification está compuesta por unas tablas de materias básicas, 36 en su sexta edición, y, sobre todo, por materias compuestas que resultan de aplicar a una materia principal unas características especiales que pueden reducirse en bibliotecas a cinco conceptos fundamentales: Personalidad, Materia, Energía, Espacio y Tiempo (PMEST), considerados como facetas significativas, existiendo también recursos o subdivisiones comunes que sustituyen en ocasiones a las facetas.
Ranganathan concebía el Mundo como un conjunto de entidades variables, considerables desde varios puntos de vista (facetas), los cinco conceptos fundamentales ya mencionados o términos normalizados, utilizados en su sistema para clasificar las materias.
Las notaciones clasificadoras son mixtas, con letras mayúsculas, números árabes y signos del alfabeto griego para las materias principales, cifras árabes para las facetas, mayúsculas para el tiempo y distintos signos para indicar formas de relación entre los elementos.
En 1935 Ranganathan formula las cinco leyes de la biblioteca ideal:
Ventajas de la Clasificación Colonada de Ranganathan:
Presenta sin embargo los siguientes inconvenientes:
Como sistema clasificatorio, el de Ranganathan resulta complejo en la práctica y prácticamente no se ha extendido fuera de la India, a lo que hay que añadir la ausencia de actualizaciones desde la muerte de Ranganathan en 1972, dejando pendiente su séptima edición, pero, sin embargo, la Colon Classification es de gran interés por su teoría y estructura, y en sus fundamentos se han inspirado sistemas modernos de clasificación por facetas y lenguajes de interconexión como el Broad System of Ordering (BSO).
Habida cuenta de que en el documento original no se proporciona ningún dato acerca del origen y características más reseñables de la CDU, exponemos a continuación algunas ideas a propósito de este lenguaje de clasificación, tomadas de diversas fuentes bibliográficas.
Los precedentes de la Clasificación Decimal Universal (CDU) se hallan en la Clasificación Decimal de Dewey (CDD), adaptada y modificada por los belgas Paul Otlet y Henry La Fontaine. La primera edición data del año 1905, y en el contexto de una concepción científica de la bibliografía y de la documentación, su creación tenía como objetivo general servir en la normalización de la clasificación documental en el plano mundial, y específicamente ser utilizada como instrumento de trabajo en la tarea de normalizar el proyecto de Repertorio Bibliográfico Universal (RBU) en el que estaban empeñados Otlet y La Fontaine, finalmente abandonado dada la magnitud de la empresa. Este proyecto estaba encauzado a través del Instituto Internacional de Bibliografía (IIB, 1895), y suponía la elaboración de un repertorio bibliográfico universal y la cooperación bibliográfica internacional en todos los órdenes, como forma de dar respuesta a la necesidad de controlar y sistematizar el incesante crecimiento de la bibliografía de carácter científico.
En 1895, Otlet y La Fontaine convocan en Bruselas la 1ª Conferencia Internacional de Bibliografía, punto de arranque del IIB, con la intención de elaborar el RBU. Para ello necesitan de un instrumento de control, que será la adopción del sistema clasificatorio de la CDD, modificado y adaptado a medida que se va desarrollando el RBU.
Si bien, como ya se ha dicho, fracasaría el empeño de elaborar el RBU, debido a la fuerte "explosión documental" que ya comenzaba a hacerse patente en los albores del siglo XX, se derivaron del fallido proyecto dos positivas consecuencias:
En primer lugar, el IIB se constituiría en la base de la documentación moderna como disciplina de carácter científico. En 1931 se transformó en el Instituto Internacional de Documentación, dando paso en 1938 a la Federación Internacional de Documentación (FID) con sede en La Haya.
En segundo lugar, posibilitó el nacimiento de la CDU. A lo largo de los años 1905-1907, Otlet y La Fontaine dan a conocer el manual del RBU, que no es sino el manual del sistema de clasificación que están utilizando para realizar dicho repertorio. se basaba en la 5ª edición de la CDD, y suponía el anticipo de lo que será definitivamente, a partir de 1927, la CDU, sistematizada en el periodo 1927-1933 con la ayuda de Donker Duyvis, que se ocupará de desarrollar en las tablas aquellas partes relacionadas con las ciencias, dentro del esquema de clasificación. La CDU constituyó un evidente avance sobre el sistema de Dewey, del cual se diferencia en tres aspectos principales:
La CDU presenta una serie de características comunes con la CDD:
Sin embargo presenta características propias:
La CDU es una clasificación sistemática, de carácter enciclopédico, que contiene sucesiones de conceptos ordenados por relaciones esenciales, según principios de subordinación lógica; es un sistema mixto entre las clasificaciones enumerativas (por ejemplo, la CDD) y las facetadas (por ejemplo, la Colon Clasification o Clasificación Facetada de Ranganathan), enumera el conocimiento en diez grandes grupos o temas, combinándolos con subdivisiones auxiliares, comunes y especiales, para hacer posibles combinaciones de conceptos. Las clasificaciones mixtas parten de un carácter enumerativo básico, pero permiten usos sintéticos, similares a las facetas, para posibilitar mayor precisión en la descripción de los documentos. Así, la CDU añade un mayor aparato sintético al esquema básico de la CDD, tratando de adaptarse en sus orígenes a estados del conocimiento humano cada vez más complejos.
El esquema básico de la CDU se compone por tanto de tablas principales y de tablas auxiliares, siendo las segundas las que permiten combinar los distintos aspectos desde los que es posible contemplar los conocimientos principales.
Como tal sistema de clasificación, la CDU tiene una estructura compuesta por una introducción doctrinal, con la teoría del sistema, tablas principales, tablas auxiliares, con divisiones comunes o analíticas, y un índice alfabético que contribuye a unir los temas en una sola entrada.
La CDU se editó con el respaldo de la FID hasta el año 1992, a partir del cual se crea el UDC Consortium, formado por la propia FID y cinco países, a saber: Bélgica, España, Grán Bretaña, Holanda y Japón.
El objetivo de este consorcio es garantizar la continuidad editorial de la CDU, e introducir de común acuerdo las modificaciones pertinentes, en función de la evolución de los conocimientos y las disciplinas. El propósito del consorcio es crear un fichero base para futuras ediciones, y garantizar de esta forma las ampliaciones del sistema de clasificación.
La extensión determina varios tipos de ediciones: resumidas (2% del sistema de clasificación), abreviadas (10% del sistema), medias (30% del sistema), y completas. Solamente en centros muy especializados o de gran envergadura se utilizan ediciones completas. Existen ediciones especiales que incluyen notaciones y entradas relacionadas con los intereses y la actividad de centros especializados, que desarrollan apartados concretos de las categorías principales.
El sistema de notación de la CDU se construye mediante numeración arábiga con valor decimal. Los grupos de tres cifras se separan mediante un punto, y la notación presenta una estructura jerárquica, de forma que cuanta mayor sea su longitud, más concreto y específico es el concepto que expresa. Así mismo, refleja el grado de jerarquización en general para los números pertenecientes a la misma clase. A cada número de la CDU le corresponde un concepto o grupo de conceptos, realizándose mediante una serie de signos la combinación de varios números, de forma que puedan ser reflejados los documentos complejos y aquellos que contienen varios conceptos.
Autor: J. Velarde Lombraña, Universidad de Oviedo
Fuente: Diccionario Crítico de Ciencias Sociales
Tema: sistemas expertos, representación del conocimiento, inteligencia artificial
URL documento: http://www.ucm.es/...
Desde que, en 1977, se presenta el famoso sistema experto MYCIN, han sido construidos otros muchos, con aplicación en múltiples áreas de conocimiento. El campo en el que primero se han desarrollado y han tenido éxito los sistemas expertos es el de la Medicina (DENDRAL, MYCIN, TEIRESIAS, EMYCIN, CADUCEUS, PUFF, ONCOCIN, etc.). Mas ello no es de extrañar, habida cuenta de que los conocimientos médicos están sumamente estructurados, y la conexión de síntomas y resultados de test con diagnósticos y toma de remedios viene descrita detalladamente en la bibliografía médica. Otro campo que también ha atraído a los investigadores es el de las finanzas (XCON, XSEL, ISA, IDT, NTC, etc.). Y sin olvidar las importantes aplicaciones en el campo militar (en EE.UU.) por parte de la SCI (Strategic Computing Initiative). A finales de los años 70 los sistemas expertos se expandieron rápidamente por otros dominios: la Ingeniería, las Manufacturas, la Geología, la Biología molecular, el lenguaje natural, etc. En la actualidad existen miles de ellos y decenas de miles de proyectos en fase de desarrollo, por lo que el diseño de sistemas expertos ha acaparado una de las áreas de investigación centrales de la Inteligencia Artificial (I.A.): la Ingeniería del conocimiento, denominación acuñada por Feigenbaum (1977). En dicha área los trabajos se encaminan al diseño de sistemas expertos, i.e., sistemas basados para la "toma de decisiones", no en datos (Data-Based Systems), sino en conocimiento (Knowledge-Based Systems).
Dado que los sistemas expertos son criaturas muy jóvenes, no está aún bien definida su naturaleza. Así han ido apareciendo diversas caracterizaciones (Stefik (1982); Kastner y Hong (1984); Holroyd (1985); Konopasek y Jayaraman (1984); Zimmermann (1987); Buchanan y Smith (1988); etc.). Su estructura fundamental es la organización del conocimiento en dos partes o subsistemas: (A) El conocimiento-base, adquirido, organizado y representado adecuadamente, contiene datos de hechos sobre un dominio o problema particular y conocimiento, en forma de reglas codificadas, para extraer inferencias de la base de datos. (B) La mecánica inferencial: contiene conocimiento general acerca de cómo usar el conocimiento-base para extraer nuevo conocimiento; es un mecanismo rápido que aplica sistemáticamente las reglas a los hechos para obtener soluciones, resolver problemas, etc.
Ambos sistemas (conocimiento-base y mecánica inferencial), según el esquema conceptual propuesto por Feigenbaum y otros, pueden configurarse por separado y utilizarse en la confección de otros sistemas expertos. Así, por ejemplo, el sistema experto MYCIN ha sido, por así decir, desmantelado en su conocimiento-base: su dominio de conocimiento (infecciones sanguíneas y meningitis) ha sido sustituido por otro (enfermedades pulmonares); pero se ha conservado su sistema inferencial, obteniendo así el sistema experto PUFF. Ambos sistemas expertos tienen en común el software, empaquetado aparte, EMYCIN, que contiene el sistema del manejo del conocimiento-base y el sistema inferencial (W. van Melle, 1980).
Según esto, las principales tareas de quienes trabajan en el diseño de sistemas expertos son: la adquisición, la representación y el manejo del conocimiento.
A partir de los años 70 la representación del conocimiento acapara la atención de los investigadores en I.A., y ello debido a que fue apareciendo cada vez más claro cómo las técnicas para programar el razonamiento (la búsqueda, la recursividad, etc.) -en las que se había puesto el énfasis en los años 50 y 60- resultaban relativamente sencillas en comparación con la tarea de configurar un conocimiento básico, organizado adecuadamente y útil para resolver los problemas cotidianos. Varias han sido las técnicas desarrolladas en I.A. para la representación del conocimiento. Las cuatro más frecuentemente utilizadas son:
(1) El cálculo de predicados; es la forma "clásica" de representar el conocimiento en I.A. Contiene enunciados traducidos a fórmulas bien formadas o axiomas. El investigador más influyente que sigue esta dirección es Nils Nilsson. Esta técnica resulta adecuada para almacenar conocimiento acerca de una estructura de datos; por ejemplo, la estructura de las relaciones de parentesco entre los trobiandeses descritas por Levi-Strauss. A esta técnica se adecua el lenguaje de programación Prolog, cuya sintaxis establece las conexiones lógicas con objeto de encontrar instancias de una o varias variables que satisfagan las funciones (propiedades o relaciones) establecidas. A su vez caben diferentes sintaxis para las implementaciones de Prolog. Así, por ejemplo, la sintaxis "de Edimburgo" o DEC 10, o la sintaxis para versiones de micro-computadores confeccionada en el Imperial College de Londres. La ventaja de este tipo de representación de conocimiento es que éste resulta, de esa forma, sumamente conciso y claro; cabe garantizar su consistencia y la corrección de la deducción de nuevo conocimiento; la derivación de nuevos hechos a partir de los anteriores puede ser mecanizada, ya que el orden de las líneas del programa no afecta a los valores resultantes. La desventaja reside también ahí: a diferencia de la representación procedimental, exige la "estaticidad" de la estructura, y, por consiguiente, resulta válida para una porción bastante reducida del conocimiento.
(2) Las redes semánticas. Una red semántica es una colección de conceptos (objetos, situaciones, nociones) y relaciones entre conceptos junto con una interpretación. Los nudos representan los conceptos, y los hilos representan relaciones binarias entre esos nudos. Las redes semánticas constituyen un buen método para representar conocimiento acerca de propiedades de inclusión entre clases, de pertenencia de individuos a clases. Esta técnica es utilizada, por ejemplo, en los programas PROSPECTOR, SPHINX y ARIES. Un refinamiento de esta técnica consiste en crear un software que pueda construir automáticamente tales estructuras a partir de ejemplificaciones de un concepto. Mas, aun cuando la estructuración de los datos con redes semánticas proporcionan una metodología adecuada para representar ciertos ámbitos de conocimiento, con todo, resulta sumamente simple y débil en comparación con las estructuraciones de datos en el conocimiento humano, en donde para un concepto ordinario podemos tener millones de lazos expresando las mismas o similares asociaciones.
(3) Los armazones (frames). Técnica similar a la anterior. Un armazón es una red de nudos organizados en una jerarquía: los nudos superiores representan conceptos generales; los nudos inferiores, las instancias específicas de esos conceptos; y los enlaces asociados con un concepto particular son llamados "ranuras" (slots). Las ranuras pueden quedar rellenas, bien con un valor, bien prescribiendo otro armazón que supla el valor, bien asignando un procedimiento para computar un valor (en caso de que resulte necesario). El armazón constituye, pues, una generalización de la idea de relación, por cuanto que las ranuras asociadas a un objeto pueden ser consideradas como relaciones, pero no simples: los rellenos de ellas no son atómicos; pueden ser estructuras simples o complejas o un procedimiento (proceso operatorio). Y, finalmente, tampoco queda determinado (no se conoce) de antemano cuántas ranuras tendrá asociadas el objeto en consideración. El iniciador de esta técnica es Minsky. La idea directriz de los "armazones" (o "esquemas") es que la descripción (la representación) adecuada del conocimiento de un objeto exige la introducción de una estructura de datos asociada a dicho objeto; estructura que incluye información, no sólo de tipo declarativo, sino también de tipo procedimental (operacional) y de tipo inclusivo. Y, en este sentido, la técnica de los armazones constituye una unificación (parcial) de las redes semánticas y de las representaciones procedimentales (u operacionales). Un ejemplo de lenguaje que utiliza armazones es el programa FRL (Frame Representation Language). Hayes ha señalado, sin embargo, que toda posible construcción con armazones es representable en la lógica de primer orden.
Otra técnica similar a la de los armazones es la de los "guiones" (scripts), iniciada por Schank y Abelson. Los guiones constituyen estructuras que describen secuencias de acontecimientos dentro de un contexto. Son secuencias estereotipadas de acciones que definen situaciones perfectamente conocidas y que no sufren cambios significativos una vez almacenadas. En tanto que los armazones resultan apropiados para representar conocimiento acerca de objetos, los guiones representan mejor el conocimiento de acontecimientos, y resultan así muy útiles para la representación a nivel general del significado propio de la comprensión y el entendimiento de historias escritas en lenguaje natural. El guión, como el armazón se compone de ranuras y de estipulaciones para rellenarlas. La estructura resultante es un todo interdependiente, en el que los contenidos de una ranura pueden influir sobre los de otra. Y, también como en los armazones, la comprensión (el entendimiento) se produce cuando quedan rellenas todas las ranuras. Los guiones exigen la fijeza de las secuencias de acciones, y de ahí que cada guión viene estructurado de acuerdo con el rol particularmente asumido, y que constituye el estereotipo de la actuación. Utilizan la técnica de los guiones o "planes" los programas SAM, PAM y TALESPIN.
(4) Reglas generatrices. Las técnicas que se han impuesto, por sus muchas ventajas, en la representación del conocimiento son las de tipo procedimental, según las cuales se reduce el conocimiento-base a unos pocos elementos primitivos más unas reglas generatrices (o de producción) de la forma: "si A, entonces B", en donde las variables A y B pueden ser interpretadas de múltiples maneras: si son satisfechas ciertas condiciones, entonces se obtienen tales consecuencias; si es verdadero tal enunciado, entonces cabe inferir tal otro; si se da tal caso, entonces resulta apropiada tal acción, etc. El antecedente, A, puede ser complejo: una combinación de reglas, por ejemplo, que producen (generan) el mismo consecuente, B. Ejemplo de este tipo de representación del conocimiento del lenguaje es la propuesta por Chomsky para describir (representar) formalmente la estructura sintáctica del lenguaje mediante reglas generatrices (o de producción). Así: Orac. SN + SV constituye una auténtica regla de producción: el conocimiento de que una oración contiene un sintagma nominal y un sintagma verbal viene representado en el programa por las llamadas correspondientes a las rutinas encargadas de procesar los sintagmas nominales y los verbales, etc.
Estas técnicas tienen su origen en la idea germinal, inicialmente desarrollada independientemente por Post (años 20), Church y Turing (años 30), de reducir los sistemas (en este caso, de conocimiento) a unos pocos elementos primitivos, a partir de los cuales, mediante un conjunto (también restringido) de reglas, cabe obtener los demás elementos del sistema. Newell y Simon introdujeron este modelo como parte de su trabajo en el programa General Problem Solver (1963). La noción más rica en I. A. derivada de la idea germinal citada es la de recursividad, en virtud de la cual un pequeño conjunto de elementos (ideas, conceptos, definiciones, etc.) es suficiente para lograr ciertas formas de conocimiento o para alcanzar la solución de un problema, i.e., el enunciado de un problema puede ser usado como una parte, a veces la más importante, de la solución del problema. Como simple ejemplo considérese la definición recursiva de factorial de un número, expresando n! el factorial de n. Si definimos recursivamente:
(1) 1! = 1
(2) n! = n × (n - 1)! ,
entonces, efectivamente, utilizamos el concepto de factorial en su propia definición: utilizamos parte del definiendum en el definitum. Y precisamente en esta autorreferencia consiste la recursividad. Mas no por ello la definición resulta circular, por cuanto que no hay regressus in infinitum: hay un punto de escape, una parte no recursiva de la definición, que en este caso es el factorial de 1. El aspecto positivo, en cambio, reside en que procedimientos o conceptos complejos pueden ser expresados de manera simple. De ahí la importancia que tuvo la incorporación de la arquitectura de computador tipo Von Neumann (con una única unidad central de procesamiento con acceso a sus programas desde la misma memoria que contiene los datos a manipular) en los famosos computadores EDSAC y BINAC.
La llamada mecánica inferencial cubre un conjunto de nociones -deducción, inferencia, planificación, búsqueda, razonamiento (del sentido común), prueba, etc.- que, cual funciones, se aplican al conocimiento-base (como argumento) generando nuevo conocimiento.
Puesto que tales nociones pertenecen, específicamente, al dominio de la Lógica (entendida ésta en sentido amplio: no restringida a la lógica clásica bivalente), el estudio de la lógica, sus modalidades y técnicas, resulta imprescindible en el diseño de sistemas expertos. En los trabajos, a este respecto, primerizos la mecánica inferencial se basaba en la lógica clásica bivalente. Pero a medida que fueron ampliándose los campos de aplicación, a medida que se dominaban otros tipos de conocimiento, se refinaban las técnicas lógicas y se introducían otras lógicas: no-monotónicas, intuicionistas, difusas, etc.
La mecánica inferencial, aunque diferenciable del conocimiento-base, está estrechamente vinculada con él; vinculación que varía en función del tipo de conocimiento y de la manera en que esté organizado en la base. Como ya hemos señalado, el conocimiento de tipo procedimental es el más abundante en la conducta inteligente, y, como ocurre en la mayoría de los programas más relevantes, suele venir organizado en forma de reglas de producción. En este sentido, las técnicas de inferencia o estrategias de búsqueda más usuales en los sistemas expertos han sido extraídas de la lógica clásica bivalente, si bien últimamente, como luego veremos, han ido adquiriendo gran auge las técnicas extraídas de lógicas "no-clásicas". Entre las primeras están las siguientes:
Encadenamiento hacia adelante y hacia atrás
La llamada "técnica de encadenamiento hacia adelante" consiste en aplicar al conocimiento-base (organizado en forma de reglas de producción), junto con otro conocimiento disponible, el esquema inferencial modus ponens. Esta estrategia se denomina "encadenamiento hacia adelante" o "razonamiento de datos dirigidos", porque comienza con los datos conocidos y aplica el modus ponens sucesivamente hasta obtener los resultados que se siguen. Las reglas se aplican "en paralelo", i.e., en cualquier iteración una regla toma los datos cuales eran al principio del ciclo, por lo tanto el conocimiento-base y el sistema no dependen del orden en el que las reglas son establecidas, almacenadas o procesadas. Esta técnica suele utilizarse cuando la cantidad de datos es potencialmente muy grande, y resulta de interés algún conocimiento específico tomado en consideración (caso típico en los problemas de diagnóstico; MYCIN, por ejemplo). Esta técnica se corresponde con el método clásico en Lógica de la demostración de un teorema en un sistema axiomático. Dado el sistema axiomático (el conocimiento-base), la estrategia consiste en, dado un teorema (un objetivo), partir de él y tratar de encadenarlo (demostrarlo) en el sistema.
La técnica del "encadenamiento hacia atrás" consiste en tratar de probar un dato (o conocimiento) engarzándolo en las reglas-base con el esquema de inferencia modus ponens, i.e., tomando al dato como un consecuente y buscando en el conocimiento-base el correspondiente antecedente, a través de los pasos correspondientes.
Estas dos formas de inferencia se corresponden con los dos métodos lógicos clásicos conocidos por varios nombres: método resolutivo / método compositivo; análisis / síntesis, etc. La distinción se basa en la relación direccional entre objetivos y datos. Y ambas formas pueden combinarse en el razonamiento. Cabe partir de un supuesto inicial, inferir una conclusión mediante un razonamiento hacia adelante y luego establecer un encadenamiento hacia atrás hasta encontrar los datos que confirman esa conclusión. A su vez, dentro de cada uno de estos tipos de razonamiento cabe distinguir "estrategias de solución", como las llamadas "búsqueda en profundidad" y "búsqueda a lo ancho".
Método de resolución
Otra técnica lógica de extracción de nuevo conocimiento a partir del conocimiento-base, aunque no ya válida para los sistemas de reglas de producción, es la llamada "de resolución", desarrollada por Robinson para la prueba de teoremas del cálculo de predicados y sometida, luego, a abundantes refinamientos, que la convierten en útil, además, para la recuperación de información, para la programación automática y para el razonamiento "del sentido común". El método de resolución es, en esencia, el método de las "tablas de verdad" de Beth o de "árbol" de Smullyan, con reglas (de inferencia) de resolución, en vez de con reglas "semánticas".
Los sistemas basados en conocimiento (sistemas expertos) organizan éste en la base -haciendo estimación de los datos, estableciendo estructuras y reglas generatrices- y utilizan técnicas lógicas para, a partir del conocimiento-base, obtener (o generar) otros conocimientos (conclusiones, decisiones, etc.). La organización del conocimiento-base y la ulterior manipulación (técnicas inferenciales) están estrechamente unidas; dependen, además, del tipo de conocimiento tomado en consideración, y en función de ello diseña el ingeniero su sistema experto. Como más arriba hemos señalado, los primeros sistemas estaban diseñados para ser expertos en áreas de conocimiento especializado: de la Medicina (MYCIN), de la Geología (PROSPECTOR), de la Química (DENDRAL), de las finanzas (Plan Power), etc. Y actualmente tales artefactos "inteligentes" funcionan bien en tareas especializadas, dentro de dominios de conocimiento bien definidos, y los juicios de los sistemas expertos rivalizan con los de los expertos humanos en áreas bien definidas de destreza. Esa es la "primera era" de los sistemas expertos. Pero los investigadores, dentro de la Ingeniería del Conocimiento, han emprendido la tarea de codificar el conocimiento "del sentido común", de alcanzar la naturalidad en las relaciones hombre - máquina (relaciones dadas en lenguaje natural), de entender y expresar con utilidad los detalles de la lógica y de la representación del conocimiento "del sentido común",... Tal es la "segunda era" de los sistemas expertos (Feigenbaum, 1990). Y, tanto por lo que hace a la representación del conocimiento, como por lo que respecta al sistema inferencial, exige técnicas nuevas respecto de las utilizadas en los dominios de conocimiento especializado, preciso, sin vaguedad y sin incertidumbre. Así, las técnicas convencionales de representación del conocimiento, basadas en el uso del cálculo de predicados, fracasan en la representación del conocimiento del sentido común, debido a que los predicados, en la mayoría de las proposiciones que lo expresan, no poseen denotaciones precisas, sino ambiguas. Y la toma de decisiones en un dominio incierto no puede seguir reglas fijas (de la lógica clásica bivalente) aplicadas a la información (premisas) imprecisa de que se dispone en la base.
El desarrollo de modelos de representación y manejo de conocimiento exige tomar en consideración la incertidumbre y la vaguedad, que constituyen las dos formas más importantes de ignorancia parcial. Para tratar con la ignorancia dentro de los sistemas basados en conocimiento se han diseñado varios modelos basados en las teorías matemáticas o lógicas ya firmemente asentadas. Y los métodos utilizado suelen venir agrupados por los tratadistas en dos amplias clases: (A) Métodos numéricos: los probabilísticos (inferencia bayesiana, probabilidad subjetiva, creencia racional), la teoría de la evidencia (Dempster y Shafer), etc. Y (B) Métodos no-numéricos ("simbólicos" o "lógicos"): lógicas no-monotónicas, lógicas difusas, teoría de los acoplamientos de Cohen, etc.
Los sistemas expertos de la "segunda generación" tratan de acabar con la rigidez en los conceptos, reglas, etc. propia de los de la "primera generación" y de alcanzar la "naturalidad" propia de los agentes humanos, de manera que la interacción entre la máquina y el usuario sea en lenguaje humano (natural). Los investigadores han emprendido la ardua tarea de desentrañar la composición y lógica del conocimiento ordinario (o "del sentido común") y lo están codificando. No se discute (se acepta) que una máquina puede exhibir inteligencia; se ensayan técnicas diversas con el propósito de domeñar el conocimiento ordinario. Pero los primeros diseños según directrices deductivistas se han topado con el problema de la selección que señala Minsky (el frame-problem):
"Incluso si formulamos restricciones sobre la relevancia, los sistemas logísticos tienen un problema al usarlas. En un sistema logístico, todos los axiomas son necesariamente "permisivos" -todos ellos sirven para que se extraigan nuevas inferencias. Cada axioma añadido significa más teoremas; ninguna puede desaparecer. Sencillamente, no hay ningún modo directo de añadir a un tal sistema información acerca de los tipos de conclusiones que no deberían extraerse... Si intentamos cambiar esto, añadiendo axiomas sobre la relevancia, produciremos todavía todos los teoremas innecesarios más los engorrosos enunciados acerca de su irrelevancia".
El frame-problem resulta de una característica esencial de la lógica clásica: la monotonicidad. Los sistemas de lógica clásica son monotónicos (unidireccionales en sentido creciente o decreciente), i.e., añadiendo más axiomas al sistema aumentamos el número de teoremas que pueden ser demostrados. Pero determinados e importantes razonamientos humanos de sentido común son no-monotónicos; se necesita, pues, un sistema que realmente "ignore" la mayor parte de lo que conoce y opere con una porción bien escogida de su conocimiento en un momento dado. Para alcanzar tales objetivos se han propuesto las lógicas no-monotónicas, bajo diversas modalidades: la lógica no-monotónica de Drew McDermott y John Doyle; la lógica del razonamiento por defecto de Ray Reiter; el sistema de circunscripción de John McCarthy; la lógica temporal de McDermott; la lógica intuicionista de Clarke y Gabbay; la lógica epistémica de R. C. Moore; la teoría de los acoplamientos de P. R. Cohen, etc.
En un sistema de lógica no-monotónica las conclusiones lógicas de una teoría dada pueden quedar invalidadas al añadir nuevo conocimiento al sistema, i.e., las conclusiones están sujetas a remoción en virtud del aumento de premisas. Así, por ejemplo, cuando llega a materializarse una contradicción, la conclusión puede ser recompuesta; o bien se extrae una conclusión plausible a partir de la evidencia parcial en ausencia de evidencia de lo contrario. Las críticas a la formalización (al "logicismo") pierden, entonces, la referencia, y con ello, su sentido, puesto que una cosa es que haya dominios (asuntos) no reducibles al formalismo (lógica) del cálculo de predicados de primer orden clásico, y otra bien distinta, que tal dominio o asunto no tenga lógica alguna. Y como alternativa a la lógica clásica bivalente se han desarrollado otros varios sistemas de lógica que se han mostrado muy adecuados para el tratamiento del conocimiento ordinario (del sentido común). Entre ellos ocupan un lugar destacado los sistemas "difusos" o "borrosos", que tienen su origen en la teoría de los conjuntos difusos desarrollada por L. A. Zadeh (1965).
Mediante estos modelos de lógica difusa resulta posible tratar de manera sistemática la imprecisión inherente en los enunciados más usuales en los procesos del pensamiento y del razonamiento humanos. Y, puesto que el conocimiento-base de un sistema experto es un almacén de conocimiento humano, los sistemas difusos resultan más apropiados que los sistemas de conceptos rígidos para el almacenaje de esa porción de conocimiento vago e impreciso.
En segundo lugar, la lógica difusa constituye, además, un modelo de sistema inferencial, que permite extraer inferencias (llegar a respuestas) a partir de conocimiento (de cuestiones) difusas. En el caso de los sistemas expertos, la incertidumbre de información (o conocimiento) en la base acarrea incertidumbre en las conclusiones, y, por tanto, la mecánica inferencial ha de ser equipada con medios computacionales capaces de analizar la transmisión de incertidumbre de premisas a conclusión y asociar ésta con alguna medida de incertidumbre que sea entendible e interpretable adecuadamente por el usuario.
Los proyectos de sistemas expertos basados en modelos difusos crece, no ya por años, sino por meses. A ese rápido crecimiento están contribuyendo en gran medida los japoneses, dotando a sus productos competitivos de tecnología fuzzy. En el área de la Ingeniería del Conocimiento ha comenzado la construcción de computadores difusos, i.e., computadores que aceptan información (en forma lingüística) difusa, la organizan en la base del conocimiento y realizan razonamientos aproximados para obtener nueva información difusa en centésimas de segundo. En este tipo de computadores, llamados "de la sexta generación", están trabajando intensamente los japoneses, entre los que destaca Takeshi Yamakawa, en la actualidad ingeniero de Electrónica en la Universidad de Kumamoto, y pionero en la construcción de chips difusos y de sistemas hardware de lógica difusa.Los sistemas diseñados por Yamakawa aceptan información lingüística, y realizan inferencias de razonamiento aproximado con gran rapidez (más de 10 millones de inferencias lógicas difusas por segundo). Y sus circuitos eléctricos difusos han servido para la construcción de controladores de lógica difusa con aplicaciones biomédicas, ortodónticas, etc.
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Fuente: madri+d - Ateneo - Temas candentes
Tema: lógica difusa, tratamiento de la incertidumbre, inteligencia artificial
URL documento: http://www.madrimasd.org/...
Una de las disciplinas matemáticas más activas, en la actualidad, es la mal llamada "Lógica borrosa o difusa", aquella que utiliza expresiones que no son ni totalmente ciertas ni completamente falsas, como las que utilizamos en nuestra comunicación cotidiana. Cuando realizamos enunciados tales como "Juan es un hombre alto" o "Pedro es calvo", que todos entendemos con claridad, utilizamos conceptos cuya definición, si se pretende que sea entendida por una computadora, acarrea una serie de problemas inherentes al hecho de que tanto "alto" como "calvo" son conceptos relativos. Siempre se es alto o calvo con relación a algo que no se puede expresar mediante una definición clara; por ejemplo, si suponemos que son altos los que superan 1,80 m. de altura, podemos concluir, de manera errónea, que un hombre de 1,79 m. es bajo. La Lógica borrosa o difusa es la Lógica aplicada a conceptos que pueden ostentar un valor cualquiera de veracidad dentro de un conjunto continuo de valores que oscilan entre dos extremos. Conviene recalcar que lo que es "borroso", impreciso o vago no es la lógica en sí, sino el objeto que estudia: expresa la falta de definición del concepto a que se aplica. Así, hay muchos autores que prefieren utilizar expresiones como "lógica de los enunciados vagos", como traducción de la expresión inglesa fuzzy logic. La lógica difusa fue investigada, por vez primera, por el ingeniero estadounidense Lotfi Zadeh en la década de 1960, cuando se dio cuenta de que, en los sistemas complejos, el intento de precisión en la descripción de una tarea automática conllevaba un aumento muy significativo de la información que se requería en los enunciados, y que éstos no tenían por qué redundar en una mejor realización de la tarea. A modo de ejemplo, es muy difícil describir con precisión matemática cómo se aparca correctamente un vehículo; si se hiciera, un eventual dispositivo automático de aparcamiento lograría colocar siempre el vehículo a la misma distancia de los vehículos anterior y posterior, y a la misma distancia de la acera. Sin embargo, resulta mucho más sencillo describir intuitivamente el proceso, utilizando expresiones poco rigurosas, del tipo: "cuando sobresalga un poco la parte de atrás del coche con relación a la parte de atrás del coche anterior, gira completamente el volante y da marcha atrás". El resultado de aparcar de este modo es bueno, pero posee cierto margen de error inherente, aunque perfectamente asumible e irrelevante.
Los investigadores en sistemas de ingeniería artificial creen, con buen criterio, que, si se quieren construir sistemas automáticos que interaccionen de forma natural con el hombre, éstos deberían ser capaces de entender el modo de relaciones lógicas que se establecen con conceptos indefinidos, dado que el hombre los emplea con naturalidad. Y se están dedicando a elaborar programas informáticos capaces de simular, con bastante fortuna, estas condiciones. Por ejemplo, hace ya tiempo que funcionan lavadoras capaces de autorregular la cantidad de jabón que requiere un lavado, dependiendo del grado de suciedad que tenga la ropa; cuentan con un chip que responde, de manera lógica, a las condiciones del proceso: si el agua esta sucia, añade jabón, y si está muy sucia, añade más jabón. Otros juguetes tecnológicos que funcionan de la misma manera son unas máquinas de cocer arroz, capaces de elaborar diversas variedades de arroz de forma automática, regulando la cantidad de agua y la temperatura, en cada caso, para obtener un grano cocido suelto.
Aparatos de aire acondicionado, mecanismos de atraque automático de naves espaciales, sistemas automáticos de regulación de la cantidad de anestesia que se suministra a los pacientes en un quirófano -aunque bajo supervisión médica, por supuesto-, sistemas que regulan la aceleración y el frenado de los trenes de metro según el número de pasajeros que viajen o sistemas de concesión -o denegación- automática de créditos según el perfil económico del solicitante son otras de las muchísimas aplicaciones de la lógica difusa, que ya están funcionando en el campo de los llamados sistemas expertos. Todos estos sistemas utilizan información, esencialmente, imprecisa con el fin de lograr sus cometidos.
La lógica difusa está teniendo, por lo tanto, bastante éxito en su utilización sobre los sistemas de control, aplicación que ya podría considerarse como rutinaria. Sin embargo, los investigadores buscan nuevos campos de aplicación de esta técnica. Hasta el momento, la lógica difusa se está utilizando más como un conjunto de recetas dispersas de resultado empírico probado, que como aplicación de una teoría bien desarrollada. Por ello, los matemáticos investigan la formalización matemática de la lógica difusa, con el propósito de encontrar muchos más campos de aplicación en el conjunto de las actividades humanas. Se investiga en áreas como el reconocimiento de patrones visuales o la identificación de segmentos de ADN, por mencionar dos ejemplos.
Uno de los aspectos más llamativos de toda esta tecnología reside en que, para programar un chip capaz de realizar ciertas tareas con variables que no tienen una definición precisa, no es preciso definir las condiciones de funcionamiento en el entorno de un formalismo matemático excesivamente riguroso; basta con establecer ciertas reglas de actuación que pueden ser muy vagas; un ejemplo, para el caso ya mencionado de la lavadora, sería el de añadir más jabón en caso de que el agua esté muy sucia. Esta mayor facilidad para describir tareas complejas, sin ayuda de la descripción matemática, plantea ciertas cuestiones, que no debemos pasar por alto, sujetas a viva polémica.
Uno de los hechos más destacables de la ciencia del último medio siglo ha sido la constatación de que los sistemas físicos reales son, en su mayor parte, complejos: las leyes físicas lineales, como la conocida Ley de Ohm (voltaje = intensidad x resistencia), por poner un ejemplo, sólo se cumplen para unos valores de las variables muy específicos, y fuera de estos regímenes de trabajo son no lineales (para el caso anterior, el voltaje depende de funciones polinómicas muy complicadas, de la intensidad y la resistencia). Es decir, que se necesita mucha gimnasia matemática para describir fielmente el mundo físico. ¿Y porqué no echar mano de la lógica difusa? ¿Podemos conformarnos con una descripción aproximada de la realidad, es decir, elaborar una ciencia difusa? ¿Puede ser posible elaborar una ciencia basada en conceptos que son parcialmente ciertos y parcialmente falsos o, por el contrario, y como se ha supuesto desde los tiempos del Positivismo, la ciencia, basada en las inexorables leyes que se expresan mediante expresiones matemáticas, constituye la representación de la realidad más cercana a la verdad que conocemos?
Quienes opinan que es posible trabajar en entornos de ciencia difusa creen firmemente que no existe tal cosa como una realidad, es decir, encuentran como igualmente equivalente cualquier tipo de representación que se adopte. Entre ellos, podemos encontrar a toda la plana mayor de los gurús del pensamiento actual, como Nicholas Negroponte, Paul Virilio, Bart Kosko, Eduardo Kac, Roy Ascott y muchos otros. No ponen límites en imaginar que, con ayuda de la tecnología, el hombre pronto verá superadas sus ataduras corporales; hay quien, incluso, pretende que es posible la transferencia de toda la información alojada en un cerebro a un chip apropiado, logrando con ello, nada menos, que la inmortalidad. Son entusiastas defensores de la realidad virtual como una forma igualmente válida de realidad, algunos van más allá y se atreven a hablar de la "realidad vegetal, espiritual, vinculada a la tecnología de las plantas psicoactivas" (Roy Ascott). A veces adoptan formatos de pseudosecta, como los llamados extrópicos, quienes pretenden utilizar la Ingeniería genética, la Nanotecnología, los avances en cirugía protésica y la realidad virtual para vencer el principio termodinámico de aumento de la entropía. No obstante, se debe reconocer que, con su libertad total de pensamiento, estos autores y sus seguidores están profundizando en temas de gran calado físico, como el concepto de realidad, y filosófico, como qué es el ser humano y cuáles son sus modos de percepción, aprendizaje, etc.
En el otro lado de la discusión se encuentran los hombres de ciencia tradicional, los que creen que realidad sólo hay una, y que su representación más ajustada es la que proporciona el discurso científico, transcribible mediante leyes matemáticas. Son de la opinión de que, por muy complicado que sea el mundo real, siempre es mejor una descripción complicada, pero rigurosa, que una descripción sencilla pero aproximada, y por eso no dudan en calificar la Lógica borrosa, y toda pretensión de extender su uso fuera de su natural ámbito tecnológico, con la metáfora, tal vez excesiva aunque quien sabe si acertada, de "la cocaína de las matemáticas".
La discusión entre ambas posturas, poco compatibles entre sí, ocupa gran parte del debate científico actual, y presumiblemente lo seguirá ocupando durante los próximos años. Es un debate francamente fructífero, que está modificando radicalmente el modo de ver las cosas que nos rodean.
En español
http://www.lsi.us.es/...
Otra explicación de qué se entiende por Lógica
borrosa y por enunciado vago. También tiene sus expresiones matemáticas.
http://www.fiv.upv.es/...
Una gran página, que explica las aplicaciones de la Lógica
borrosa a diversos dispositivos electrónicos de control.
http://web.usc.es/...
Página de enlaces a un buen número de organizaciones
y empresas, tanto de habla hispana como en otras lenguas, que trabajan
en el área de la lingüística computacional.
http://www.sepln.org/
Homepage de la Sociedad Española de Procesamiento del Lenguaje
Natural. Proporcionan información sobre estas cuestiones y ofrecen
información de sus investigaciones.
En inglés
http://www.wired.com/
La revista del mundo digital por antonomasia. Muchos de los desarrollos
tecnológicos debidos a sistemas de lógica difusa han pasado
por sus páginas. Se incluyen entrevistas a algunos de los gurús
de la tecnociencia.
http://ai.iit.nrc.ca/...
El National Research Council, de Canadá, proporciona gratis
un lenguaje de programación capaz de entender lógica clásica,
lógica difusa y una combinación de ambas, con el que poder
desarrollar programas para cualquier fin. Para programadores en C e iniciados.
http://www-2.cs.cmu.edu/...
http://www-2.cs.cmu.edu/...
Repositorio de recursos sobre Inteligencia Artificial de la Universidad Carnegie
Mellon de Estados Unidos.
http://www.ai.sri.com/
Página web del Centro de Inteligencia Artificial. Ofrece información
de sus programas de investigación.
http://www.media.mit.edu/
Página del MediaLab del Instituto de Tecnología de Massachusetts
(MIT),
centro que dirige el Profesor Nicholas Negroponte. Es una de las instituciones
punteras en investigación sobre Inteligencia Artificial. Está
en inglés, pero es de obligada visita.
La lógica difusa, que trata de las relaciones lógicas entre sentencias que no son ni totalmente ciertas ni totalmente falsas, permite construir chips para sistemas de inteligencia artificial en los que no es necesario recurrir a una descripción matemática detallada de cada uno de los pasos de un proceso y, por lo tanto, puede permitir la construcción de electrodomésticos, o cualquier otro artefacto o mecanismo, que interaccionen mejor con los usuarios. Tanto la Inteligencia Artificial, la Lógica Borrosa y otras áreas de la ciencia actual, como la Nanotecnología o la Biomedicina, propician la aparición de teorías científicas de futuro, en ocasiones, rayanas con la ciencia-ficción. Sin embargo, contribuyen a avivar la escena científica, técnica y filosófica, y a promover el debate en estos ámbitos del conocimiento.
Autores: I. Gil Leiva, J. V. Rodríguez Muñoz
Fecha de publicación/fuente: 1996, REDC
Tema: indización automatizada, recuperación de información
URL documento: http://ttt.upv.es/...
Este texto es un resumen del artículo "Tendencias en los Sistemas de Indización Automática. Estudio Evolutivo", publicado en la Revista Española de Documentación Científica (vol. 19, nº 3, p. 273-290, julio-septiembre 1996). El texto completo, junto con otros artículos relacionados con las técnicas de indización y resumen, se puede obtener, en formato PDF, a través la página del profesor Gil Leiva (Universidad Politécnica de Valencia). Dado el tiempo transcurrido desde su publicación, es muy posible que partes del artículo estén desactualizadas y requieran una revisión.
La indización es considerada una operación compleja, dificultad que se acrecienta cuando se trata de llevar a cabo automatizadamente, ya que en este caso intervienen, además de la Documentación, disciplinas tales como la Estadística, la Probabilidad, la Lingüística y la Programación entre otras, por lo que la indización automatizada (IA), se presenta como un conjunto de técnicas interdisciplinares, que ha suscitado entre los especialistas en la materia, desde los años 60, el debate en torno a las ventajas e inconvenientes de la IA frente a la indización por parte de indizadores humanos. Los partidarios de los métodos automatizados alegan la economía en tiempo de proceso y en presupuesto, aparente mayor objetividad y una disminución de los errores. Los partidarios de la indización manual alegan la imposibilidad de los sistemas automatizados de captar el conjunto de matices que concurren en torno a un documento y su contenido, apreciables por el indizador humano. Los principales focos de estudio e investigación en torno a la IA se sitúan en Francia, en menor medida Brasil y, sobre todo, en Estados Unidos. El documento original trata por tanto, analizando las principales líneas de investigación y los sistemas automatizados existentes más importantes, establecer las bases conceptuales y metodológicas que deben concurrir en los sistemas de IA.
Los motivos que explican las primeras iniciativas, a finales de los años 50 y en los años 60, de desarrollo de sistemas para la automatización de los procesos de indización, son el aumento exponencial que en esos años se produce en la información científica, que se ve acompañada de unas necesidades de información crecientes por parte de los científicos, el aumento consecuente del número de especialistas dedicados al estudio y diseño de sistemas de información, y el desarrollo de los sistemas informáticos y el entusiasmo generado en torno a sus posibilidades, que consolidaron la percepción de la gran utilidad de los ordenadores en las operaciones repetitivas como la indización, al ser considerada una herramienta que garantizaba la objetividad, frente a los problemas de falta de consistencia que presenta la indización manual. El aumento de la potencia de los sistema informáticos permitió por otro lado desarrollar sistemas verdaderamente operativos y funcionales.
Partiendo de las aportaciones teóricas desarrolladas en la década de los años 60 por especialistas en la materia como M. E. Stevens, se han marcado dos grandes líneas de estudio y desarrollo en lo referente al diseño e implementación de sistemas de IA: 1) métodos no lingüísticos y 2) métodos lingüísticos.
Los métodos no lingüísticos implican la utilización de criterios cuantitativos y matemáticos, haciendo uso para ello de las aportaciones de disciplinas como la Estadística, la Probabilidad, las técnicas de atribución de pesos, el "clustering", y otras. Este conjunto de técnicas, criterios y metodologías, atienden a aspectos conceptuales tales como:
a) Frecuencia de aparición de los términos en una colección de documentos. Se acepta que los términos de frecuencia muy alta, son demasiado generales y generan por tanto menor precisión en la búsqueda. Los de frecuencia muy baja son por su parte muy específicos e implican por tanto una baja exhaustividad. H. P. Luhn entiende que los mejores términos son los de frecuencia media. La frecuencia relativa de los términos, se obtendría analizando con criterios estadísticos la acumulación de la frecuencia de aparición de palabras en una amplia colección de documentos. La frecuencia de términos obtenida analizando dicha colección permitiría, comparándola con la frecuencia de aparición de palabras en un documento, seleccionar los términos de indización.
b) Probabilidad. Las estimaciones de probabilidad han servido a algunos especialistas en el estudio de la IA para la evaluación de los sistemas de indización ya existentes, y la elaboración de listas de términos asociados, que puedan ser utilizadas por los indizadores como una herramienta auxiliar, como paso previo al desarrollo de sistemas de indización asistidos por ordenador.
c) "Clustering" o análisis de clases de palabras. El estudio de las apariciones de palabras, han permitido el establecimiento de normas formales útiles para la identificación de los vocablos capaces de transmitir el tema de un documento, mediante el análisis estadístico.
d) Valor de discriminación. Técnica desarrollada a mediados de los años 70 para la clasificación de los vocablos de un texto según su capacidad para discriminar unos documentos de otros dentro de una colección. Así, el modelo de valor de discriminación es un sistema de indización que atribuye un mayor peso a aquellos términos que causan la mayor separación posible entre los documentos de una colección, entendiendo por valor de discriminación la medida de los cambios en la separación espacial, cuando una palabra cualquiera es asignada a una colección de documentos como término de indización para representar la diferencia entre los documentos.
e) Relevancia de los términos. La teoría de la relevancia de un término, distingue entre la aparición del mismo en un documento relevante, y su aparición en un documento no relevante, siendo aplicada esta distinción en las técnicas probabilísticas asociadas al establecimiento de la precisión de los términos y en el valor de utilidad de los términos.
f) Imitación de la indización humana, mediante la aplicación de métodos desarrollados a principios de los años 80, fundamentados en la probabilidad, suministrando al sistema automatizado un conjunto de documentos previamente indizados, para que éste asuma aquellos términos que serían usados por un indizador humano en determinado documento. Las líneas de investigación iniciadas en los años 80, sobre la base de los anteriores métodos no lingüísticos, añaden un soporte cada vez mayor de componentes lingüísticos.
Los principales sistemas de IA, desarrollados mediante la aplicación de métodos no lingüísticos son los siguientes:
1) INDEX + INDEXD. Sistema combinado desarrollado en la Universidad de Louisiana, se basa en métodos estadísticos pero se apoya también en un cierto componente lingüístico, representado por el programa INDEXD, que, de la lista de palabras vacías analizadas estadísticamente por INDEX, genera un diccionario de raíces de vocablos con capacidad de preasignar pesos a las palabras, entre otras funcionalidades.
2) SAPHIRE. Desarrollado en la Universidad de Oregon, EE.UU., y aplicado al dominio de la Biomedicina, se basa en un algoritmo que obtiene una lista ordenada de todos los conceptos hallados en determinado texto, tras su comparación con un metatesauro, desarrollado por la Biblioteca Nacional de Medicina, asignando un peso a cada concepto en función de su frecuencia tanto en el documento analizado como en la base de datos del sistema. La aplicación práctica del sistema, ha permitido concluir que produce menor exhaustividad y precisión en la fase de recuperación, respecto de los métodos tradicionales, tanto de indización como de recuperación, aplicados a la base de datos MEDLINE.
3) Proyecto del Centro de Información Aerospacial de la NASA para el diseño de un sistema de indización asistida por ordenador. Este sistema se halla formado por varios módulos: un primer módulo encargado, entre otras operaciones, de identificar las fuentes que van a ser procesadas, la limitación de las series de palabras del texto, almacenamiento de los términos de indización propuestos para su validación, y otras; un segundo módulo que lleva a cabo la búsqueda de frases significativas del texto sobre la base de una base de conocimiento formada por más de 115.000 entradas, potenciales términos de indización, y establece las posibles relaciones jerárquicas entre los términos y su desambiguación.
El punto de arranque de los métodos lingüísticos se sitúa en las investigaciones iniciadas a partir de los años 50 en torno al procesamiento del lenguaje natural (PLN) y la relación con disciplinas como la lingüística formal, las ciencias de la computación y otras. A estas investigaciones ayudaron las aportaciones teóricas de los trabajos de investigación dirigidos por el lingüista norteamericano N. Chomsky, y el desarrollo de la Inteligencia Artificial, disciplina que comporta elementos relacionados con el PLN. La incorporación de los avances en torno al PLN, se producen a principios de los años 60, al considerar necesaria algunos investigadores, en el campo de la IA, la aplicación de criterios lingüísticos en combinación con los métodos no lingüísticos. La mayor parte de los procesadores del lenguaje natural utilizados en los sistemas existentes, cuentan en su base léxica con un significado conceptual -contenido cognoscitivo de las palabras- o con un significado superficial, representado por las asociaciones entre las palabras o clases de vocablos. Por su parte, la adquisición de conocimiento semántico, se basa generalmente en métodos que utilizan diccionarios on-line o bien "corpus" de palabras como fuente de datos, que contienen además las relaciones entre ellas y los fenómenos del lenguaje.
Los sistemas de IA basados en principios de carácter lingüístico, utilizan alguno de los tres posibles niveles de análisis en este terreno, morfológico, sintáctico y semántico, si bien lo común es que hagan uso del análisis morfológico y el sintáctico, para llevar a cabo la desambiguación de las categorías gramaticales propuestas en el nivel morfológico. No es infrecuente la combinación de los dos criterios expuestos, no lingüístico y lingüístico, a la hora de implementar un sistema para la IA:
1) SMART. Proyecto iniciado en 1961 por G. Salton, para el análisis automático y la recuperación de textos, sigue siendo desarrollado en la actualidad. El sistema informático se encarga de procesar automatizadamente los documentos y posteriormente de atender las peticiones de búsqueda, esencialmente sobre la base de cálculos estadísticos, a los que se añaden operaciones de carácter lingüístico, encaminadas a la extracción de las raíces de las palabras, un diccionario de sinónimos, análisis sintáctico, y herramientas de comparación de términos que posibilitan la confrontación entre los documentos analizados y las peticiones de búsqueda. La comparación de este sistema con la indización manual por medio del sistema MEDLARS (Medical Literature Analysis and Retrieval System), permitió comprobar que SMART ofrecía una exhaustividad algo superior, siendo mejor la precisión con el primero.
2) CLARIT. Este sistema trata de capturar la estructura lingüística de los textos e identificar los conceptos, para de esta forma seleccionar los que representen el contenido del documento analizado. Lleva a cabo tres procesos sobre los textos: a) formateado, en el que se añaden símbolos de demarcación de las estructuras formales del texto (párrafos, etc.); b) procesamiento del lenguaje natural, llevando a cabo primero un análisis morfológico y después un análisis sintáctico, junto con la desambiguación léxica; y c) filtrado de los términos de indización.
3) SIMPR. Prototipo desarrollado por un grupo interdisciplinar de lingüistas computacionales, informáticos y documentalistas de Finlandia, Escocia y Alemania respectivamente, realiza un análisis del lenguaje utilizando una nueva técnica basada en la explotación de contrastes, que lista las posibles interpretaciones léxicas y sintácticas de una palabra, eliminando aquellas no adecuadas en función del contexto de la palabra analizada, utilizando una base de conocimiento interna.
4) Se propone en la bibliografía el análisis de dos de las primeras experiencias llevadas a cabo por investigadores españoles sobre la IA. La primera se corresponde con un sistema de indización y coordinación de descriptores de modo automático, individualizando una serie de unitérminos, proceso que permite posteriormente caracterizar las estructuras sintagmáticas pertinentes presentes en los títulos de los documentos analizados. La segunda experiencia hace referencia al trabajo desarrollado por Simón Granda y E. de Lema para el desarrollo de un sistema de indización asistida por ordenador.
Por otra parte, es posible encontrar en el mercado francés y en regiones de habla francófona, una serie de programas comerciales para la indización automática, que permiten el análisis, almacenamiento y recuperación de información, sobre la base de instrumentos de análisis morfológico, y en menor medida sintáctico o semántico:
1) SPIRIT (1980). Programa de gestión documental desarrollado en Francia por la Comisaría de la Energía Atómica (CEA) y la Facultad de Lingüística de Orsay, que permite la adquisición, indización, almacenamiento, búsqueda y difusión de información. Analiza textos jurídicos, científico, técnicos, comerciales e informáticos, que estén en francés, inglés y alemán. Dispone de un diccionario de 500.000 palabras para llevar a cabo el análisis morfológico, y una serie de herramientas para el reconocimiento de locuciones, desambiguación, identificación de palabras compuestas, normalización de términos, etc. El módulo estadístico permite la asignación de peso a cada concepto, en relación al conjunto de los conceptos contenidos en la base de datos.
2) GOLEM. Sistema de almacenamiento y recuperación documental desarrollado por la división de productos informáticos de Siemens.
3) ALETH (1988). Programa de la empresa francesa Erli, se vale de una serie de componentes para llevar a cabo la IA: tesauro con términos excluidos y descriptores unitérminos, asociados a códigos numéricos para poder establecer relaciones entre los términos y diccionario lingüístico que recoge tanto aspectos sintácticos como semánticos.
4) DARWIN (1987). Cuenta con un diccionario gramatical para llevar a cabo la desambiguación morfológica, tras lo cual realiza un análisis sintáctico y extrae las palabras y expresiones significativas, para finalmente indizar el texto analizado mediante conceptos (sintagmas nominales). Es posible interrogar al sistema en lenguaje natural.
5) SINTEX y ALEXDOC. Sistemas de indización asistida por ordenador, el primero se orienta hacia las operaciones estadísticas, y el segundo hacia las operaciones de carácter lingüístico.
6) INDEXICON. Software desarrollado por el organismo norteamericano Iconovex. Lee los documentos, localizando términos y frases significativas, generando un listado de términos de indización. El análisis semántico y sintáctico permite la desambiguación de términos, teniendo en cuenta el contexto en el que aparecen. Se ayuda de un diccionario de 55.000 palabras y de una serie de normas para determinar las partes de los vocablos y expresiones.
Además de la investigación en sistemas de IA, basada en dos posibles criterios, no lingüístico y lingüístico -o bien combinación de ambos- otras líneas de investigación en este campo del tratamiento informativo y documental, surgidas desde finales de los años 80, son las representadas por los trabajos en materia de reconocimiento de sonidos y conjuntos de sonidos, indización a través de atributos y características geográficas (Universidad de Berkeley) extraídos de los documentos mediante un algoritmo y la comparación con los términos contenidos en un tesauro, y el análisis e indización del contenido de imágenes y gráficos. El análisis de material gráfico, implica la localización de las formas asociadas a estructuras de interés, su descripción, y la evaluación de sus propiedades. Uno de los mayores problemas al que se enfrentan los sistemas que tratan de implementar bases de datos de imágenes, que permitan un almacenamiento y recuperación eficaces, es la dificultad para definir e interpretar con exactitud el contenido de las mismas, ya que pueden ser muy ricas en contenido semántico, y prestarse por tanto a diversas interpretaciones.
Como conclusiones se apuntan las siguientes:
1) La IA es una técnica interdisciplinar en la que intervienen la Lingüística, la Informática, la Estadística y la Documentación, y se presta a cierta polémica entre los profesionales de este último campo.
2) Las primeras líneas de investigación se enfocaron hacia la utilización de criterios estadísticos y probabilísticos para ir dejando paso, en los años 60, a la utilización de métodos como los defendidos por G. Salton (modelo de valor de discriminación y relevancia de los términos). En la década de los años 80 la presencia de criterios de carácter lingüístico es más notoria a la hora de abordar el análisis de los textos, sin perder la perspectiva de la utilización de herramientas no lingüísticas para ciertas operaciones.
3) Los sistemas comerciales exceden la tarea de la IA para abordar un campo de actuación más amplio, la gestión documental, que implica, además del tratamiento, el almacenamiento y recuperación de los documentos.
4) No existe un único fundamento teórico para el desarrollo de sistemas de IA.
5) En los proyectos de desarrollo e implementación de sistemas de IA, la presencia más notoria, en detrimento de los profesionales de la Biblioteconomía y la Documentación, corresponde a los informáticos, lingüistas computacionales e investigadores de otras áreas científicas. La actividad en España en torno a la IA es escasa y tiene pocos antecedentes.
Autor: M. A. Quintanilla (*)
Fecha de publicación/fuente: 17/12/2003, diario El País
Tema: bibliometría, infometría, análisis de citas
URL documento: http://www.madrimasd.org/...
(*) Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia, Universidad de Salamanca
La base principal del reconocimiento público de los méritos de los científicos siempre ha sido el sistema de publicaciones y citas científicas. Un investigador escribe un artículo original. En él cita trabajos de otros colegas, que considera relevantes para su propia investigación. Al cabo de un tiempo, su propio artículo será citado por otros que trabajan a partir de los resultados obtenidos por él. Y así sucesivamente.
Por suerte o por desgracia, las citas entre científicos no suelen repartirse de forma igualitaria. Más bien al contrario: muy pocos científicos acumulan una enorme cantidad de citas y muchísimos se tienen que conformar con un número escasísimo o nulo. Como el número de citas recibidas es un indicador del reconocimiento de los méritos de un científico por parte de sus colegas, se puede considerar, con razón, que los científicos más citados son también los más grandes, los mejores.
Hasta aquí la doctrina establecida. Pero no es una doctrina que se pueda tomar como dogma de fe. Para empezar, ya resulta curioso que la distribución de las citas científicas siga unas pautas estadísticas prácticamente idénticas a las que se observan en otros procesos complejos que nada tienen que ver con el mérito científico. Por ejemplo, la riqueza de los individuos suele responder a una pauta parecida: muy pocos tienen mucho y la mayoría tiene poco o muy poco. Pero lo mismo ocurre en fenómenos tan inocentes como la frecuencia de aparición de las palabras en un texto, la agrupación de la población en ciudades de diverso tamaño, y en general en todos aquellos procesos en los que interviene algún mecanismo de acumulación que beneficia más al que parte de antemano con alguna ventaja previa. Los sociólogos de la ciencia aluden a este mecanismo con el nombre de “efecto Mateo”, en alusión a la parábola de los talentos en el Evangelio de san Mateo.
Por otra parte, están saliendo a la luz últimamente algunos resultados preocupantes. Uno de ellos se debe a M. V. Simkin, V. P. Roychowdhury, de la Universidad de California. En una publicación reciente han analizado la distribución de unas 300.000 citas dirigidas a 24.000 artículos publicados a lo largo de 20 años en una revista internacional de física, y han encontrado, como cabía esperar, que la distribución de citas sigue la pauta establecida, de modo que, por ejemplo, los 44 artículos más citados reciben más de quinientas citas cada uno. Pero la contribución original de estos autores consiste en que han definido un mecanismo aleatorio capaz de generar el mismo tipo de distribución de citas que se observa en la realidad. El mecanismo en cuestión consiste en que cada científico, al escribir un artículo, elija tres artículos al azar para citarlos y después copie la cuarta parte de las citas de cada uno de esos artículos para incorporarlas a la lista de citas de su propio artículo. El resultado, después de las correspondientes reiteraciones hasta llegar a las 300.000 citas, es que unos 40 artículos habrían acumulado en torno a 500 citas cada uno, que es prácticamente lo mismo que ocurre en la realidad. Pero esto significa precisamente que la distribución de citas realmente observada no tiene por qué deberse al mérito intrínseco de los autores citados, sino que podría ser el mero resultado de un proceso aleatorio, en el que ni siquiera es preciso que los científicos lean los artículos que citan.
Y ahora viene la cuestión práctica: cuando se selecciona a un candidato porque sus artículos han recibido muchas citas, ¿estamos seguros de que se debe a que son muy buenos o podemos temernos que haya sido el resultado de unas prácticas perversas que consisten en citar a lo loco y copiar citas de otros?
Desde luego es absurdo pensar que los científicos citan de forma irresponsable a otros científicos. Como sería absurdo que el lector pensara ahora que yo he citado el artículo en cuestión por pura casualidad y no porque me parece relevante para el tema que estamos tratando. Pero, por si acaso, sería bueno que las comisiones de selección se leyeran siempre los trabajos de los candidatos, en vez de contar sólo las citas que reciben.
Autor: Víctor Moreno, escritor y profesor
Fecha de publicación/fuente: 31/12/2003, diario Gara
Tema: literatura infantil y juvenil
URL documento: http://www.gara.net/...
Hace un mes, en estas mismas páginas, lamentaba el uso tan desafortunado y tan estéril que se hace de lo políticamente correcto en la política y en otros ámbitos de las relaciones sociales. Quisiera volver sobre el asunto, pero, en esta ocasión, refiriéndome al mundo de la literatura infantil y juvenil, tan olvidado y tan marginado en los medios de comunicación.
Quisiera decir que, si existe un ámbito creativo en el que lo políticamente correcto está perpetrando auténticas barbaridades, ése es, precisamente, el mundo de los cuentos y narraciones destinado a la infancia y a la adolescencia. Cada día que pasa, la literatura infantil y juvenil está dejando de ser literatura para convertirse tan solo en mero sucedáneo mercantil.
Gracias a la vergonzante censura que ya imponen ciertas editoriales, algunas, con sus advertencias sobre el sexo y el léxico, parecen redes extensivas de la Conferencia Episcopal, la censura con que se flagela el propio autor, y el imperativo categórico de lo políticamente correcto, generado por el clima de jibarismo mental de la sociedad, muchos libros de literatura infantil y juvenil son auténticas miserias. Miserias literarias que reflejan mejor que cualquier tipo de discurso cuál es el mundo tenebroso, éticamente hablando, en el que nos encontramos.
La literatura infantil y juvenil constituye uno de los mejores test de inteligencia creativa del adulto. Como afirmación general, que luego convendría mitigar con casos excepcionales, consignaré que el escritor que lo hace para niños parece opositar a eunuco de la literatura y siervo interesado del mercado. Teóricamente se condena todo tipo de literatura utilitarista, pero, en la práctica, la mayor parte de libros escritos para niños están marcados por un pragmatismo moral indigesto. Por mucho que se diga, la literatura imaginada para la infancia sigue anclada en el mismo canon de valores de siempre. Como no se cree en la autonomía del niño, ni, menos aún, en su capacidad para desentrañar una historia, el escritor sucumbe de modo lamentable ante los requerimientos de una sociedad cada vez más autoritaria en el consumo de valores y más plana en la elaboración de propuestas estéticas.
El uso y abuso de lo políticamente correcto puede ser tan nefasto que hasta se ha llegado a prohibir la lectura del cuento tradicional de "Los tres cerditos". Los tres cerditos pudieron con el lobo feroz, pero no con los padres y profesores de una escuela inglesa que, como digo, han prohibido su lectura en las aulas de su centro. ¿El motivo? Ser cerdos. Es decir, ser cerdos y tener musulmanes en las clases, los cuales, pueden sentirse violentados al leer la historia de un animal que les es prohibido comer. Ahora, no sólo les estará vetado comer, sino que, también, se les impedirá leer la palabra cerdo. Y la veda no hizo más que empezar. Pues a la palabra cerdo, le siguió la palabra búho. Y así, en un estado norteamericano se la suprimió de un relato porque dicha ave es tabú para la minoría de los indios navajos. Y ya es vox populi que en varias escuelas de Australia se ha prohibido la lectura de "Harry Potter", porque en sus libros se hace apología de la magia. En fin, al paso que impone esta lógica desvariada, dejarán de publicarse libros donde aparezca la palabra sábado, si entre los posibles lectores existen judíos; y con la palabra vaca habrá que hacer lo propio, si los alumnos son hindúes... Y, desde luego, será insultante para un niño republicano que alguien, profesor o padre, le mande leer "El Principito".
Respetando el principio sacrosanto idiota de que nada debe haber en las artes que pueda ofender a ciertas minorías étnicas, religiosas y sexuales, nos vamos a quedar sin habla. El fundamentalismo religioso de la derecha y la corrección política de la izquierda son los culpables de esta mierda cultural que nos invade y nos infecta. Ambos, aplicando un sentido rabicorto de lo cultural, están presionando económicamente sobre editores, escritores y censores para que desinfecten los textos de todo lo que pueda herir susceptibilidades.
Lo que empezó como un modo de eliminar sesgos racistas o machistas se ha convertido en una tremenda forma de censura que resta calidad literaria a los libros, imponiendo un estilo homogéneo y desprovisto de toda sorpresa y emoción.
¿Solución a este despropósito descomunal? De momento, sólo sugiero una: que el noventa por ciento de los escritores, que escriben para niños, dejen de hacerlo. O, si caen en la tentación, que no se hagan el harakiri mental y literario en beneficio de su cuenta corriente.
Este comentario supone el inicio efectivo de este nuevo espacio de publicación, orientado en principio a reproducir artículos, opiniones, estudios, etc., relacionados con el mundo de la Biblioteconomía y la Documentación, y secundariamente, con la lectura, el libro, su tecnología e industria, y la promoción y difusión de la cultura en general, aparecidos tanto en medios de prensa escrita como en diversas fuentes de información electrónicas. Este sitio pretende además estar abierto a la colaboración activa de las personas interesadas en estos temas, en forma de comentarios, colaboraciones o cualquier otro tipo de aportación de carácter intelectual. La selección de los textos es en principio totalmente subjetiva y personal, no respondiendo, al menos por ahora, a ningún criterio específico más allá de que su temática verse sobre los temas y asuntos mencionados.